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El empate entre los dos candidatos retrasa el desenlace de la lucha por el liderazgo del PRI

El ganador de las elecciones primarias del partido opositor se dará a conocer mañana

El opositor Partido Revolucionario Institucional (PRI) activó la Operación Cicatriz para evitar que el candidato perdedor en las históricas primarias del domingo para la presidencia de la organización lo rompa abruptamente al no aceptar su derrota. La líder del grupo priísta en la Cámara de Diputados, Beatriz Paredes, superaba esta madrugada al ex gobernador de Tabasco Roberto Madrazo por apenas 3.000 votos. La decencia y la división de poderes fueron los compromisos adquiridos en la modernización de un partido que durante decenios apenas atendió esas virtudes.

La disputa ha sido bronca, carente de propuestas ideológicas, ocupada por las reyertas sobre manipulación y trampas que adquirieron una especial virulencia durante el escrutinio de ayer, cercano al 70%. Madrazo, esgrimiendo sus propias estadísticas, reclamaba la victoria por 109.000 sufragios. No obstante, la amplia participación, en torno a los tres millones de votantes, superando el millón y medio previsto por la organización, habría favorecido a la socióloga de 47 años, que a primera hora de la tarde de ayer llegó a superar a su rival hasta por más de 100.000 votos, según el Programa de Resultados Preliminares. La brecha se fue cerrando conforme fluían, lentamente, los votos.

Beatriz Paredes demostró especial gancho entre las mujeres, el Distrito Federal y el Estado de México, que concentran a la mayoría urbana de los cien millones de habitantes del país. Su equipo confía en que las papeletas todavía por computar en esos distritos garanticen, finalmente, la victoria. La popularidad del abogado Madrazo, de 49 años, fue mayor en la geografía rural y pobre, entre el núcleo del priísmo tradicional, y en varios sindicatos. La dirección del partido validó las históricas primarias al no observar distorsiones graves durante su desarrollo, que fue asilvestrado en algunos feudos. "Todo esto es muy sospechoso, y puede poner en riesgo al partido", advertía Carlos Jiménez, portavoz de Madrazo, cuando las tendencias parecían anticipar su derrota.

Beatriz Paredes lidera a los gobernadores y cuadros del partido que riñeron con el ex gobernador, o lo consideran un obstáculo en el proceso hacia la recuperación de la imagen de probidad, modernización y unidad del movimiento fundado en 1929. El PRI fue régimen durante los 71 años siguientes, construyó un estado de derecho a su medida, combinó la seducción, la corrupción, y la represión, el populismo y el pragmatismo en función de las coyunturas, y perdió la presidencia en las elecciones del dos de julio del 2000, a manos del empresario Vicente Fox, y el conservador Partido Acción Nacional (PAN). La candidata pidió cordura y democracia a su adversario. "Que sus ambiciones no lo lleven a cometer excesos. Eso de que el que pierde arrebata, es machismo, no política".

La noche del domingo, paralelamente a la irrupción en la sede del PRI de decenas de furibundos madracistas bramando contra un supuesto robo, el árbitro de la contienda, el senador Humberto Roque Villanueva, convocaba a 60 notables, a "príistas distinguidos". La encomienda fue forjar un pacto de unidad, apaciguar los ánimos, y conjurar el peligro de fractura del partido con mayor número de escaños en el Congreso y de alcaldías, que gobierna en 17 de los 32 estados de México. Su concurso es fundamental para la gobernación del país y la aprobación de las profundas reformas perseguidas por la administración de Fox.

"¡Ya se les cayó el sistema!", denunciaba Madrazo cuando la publicación de resultados se ralentizó pasada la medianoche. Hasta entonces, le eran favorables. Reanudada la difusión horas después, se revirtió la tendencia, y ganaba Paredes, que después volvió a bajar de nuevo. El ex gobernador aludía en su protesta a la suspensión del escrutinio informático registrado en las presidenciales de 1988. Venció entonces Carlos Salinas de Gortari (1988-94), pero el escándalo fue mayúsculo, y su contrincante, el opositor Cuauhtemoc Cárdenas, disidente del PRI, denunció fraude.

Roque Villanueva, entre la espada y la pared, negó cualquier maniobra espuria, y atribuyó el cambio de tendencia a los ritmos impuestos por el recuento. "No tenemos absolutamente nada que ocultar. Puede revisarse voto por voto, acta por acta. El PRI ya no le tiene miedo a la transparencia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de febrero de 2002