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370 viajeros mueren calcinados en Egipto cuando iban a celebrar la fiesta del cordero

El maquinista condujo el tren en llamas durante siete kilómetros sin percatarse del incendio

Al menos 370 personas, muchas de ellas niños, murieron abrasadas y unas 200 resultaron heridas ayer, en el incendio de un tren abarrotado de pasajeros que viajaban a sus aldeas de origen en el sur de Egipto para celebrar la Fiesta del Sacrificio, o del cordero, la más importante entre los musulmanes después del Ramadán. Los equipos de rescate encontraron la mayoría de los cuerpos calcinados dentro de los vagones, otros lograron salvarse tirándose por las ventanas con el tren en marcha. La causa del incendio pudo ser la explosión de un hornillo de gas, de los utilizados por los pasajeros para calentar comida.

El fuego se inició sobre las dos de la madrugada, hora local, en la parte posterior del convoy, formado por 16 vagones, en los que viajaban entre 1.100 y 1.400 personas, y continuó su marcha en llamas durante al menos siete kilómetros. Decenas de pasajeros intentaron lanzarse por las ventanillas al percatarse de la tragedia, pero más de 370 quedaron atrapadas entre los hierros totalmente carbonizados, según explicaron fuentes policiales. El maquinista fue avisado del incendio por otro tren que se acercaba en dirección contraria.

El tren viajaba desde El Cairo, con destino a Luxor, a unos 700 kilómetros al sur de la capital. En el convoy, de tercera clase, viajaban hacinados cientos de pasajeros. "Íbamos los unos sobre los otros. Muchos iban sentados en el suelo, otros viajaban de pie", explica uno de los supervivientes.

Los supervivientes, desde el hospital, cubiertos de vendajes, relataron con horror la secuencia del accidente y cómo lograron escapar. "Después de dejar Al Ayatt [70 kilómetros al sur de El Cairo], se cortó la electricidad y empezamos a oler a plástico quemado. La gente empezó a gritar 'es un incendio'. Vi la hierba ardiendo fuera del tren y el calor entró en el vagón. Entonces pensé que la muerte estaba cerca", relata otro de los supervivientes.

"Todo estaba lleno de humo y el pánico crecía porque el tren no paraba. La gente empezó a correr en todas direcciones y a golpear las ventanas para romperlas", añade otro pasajero que consiguió saltar del vagón. "En medio de empujones y sofocados por el humo, nos tiramos los unos a los otros por las ventanas", explicó otro de los supervivientes desde el hospital. Mohamed Mokhtar, con lágrimas en los ojos, declaró haber salvado a una mujer lanzándola por la ventana antes de que él saltara, pero explicó que no pudo salvar a su hijo de cuatro años, que ya había sido consumido por las llamas. "No se cómo voy a poder vivir con tanta muerte", aseguró Mokhtar.

Los heridos sufren graves quemaduras y problemas de asfixia causados por la inhalación de humo. Muchas víctimas no pudieron escapar debido a que muchas de las ventanillas de los vagones llevan barras de hierro atravesadas, algo habitual en los trenes populares egipcios. Cerca de 30 ambulancias y 20 vehículos de bomberos se trasladaron a la zona del siniestro. Los equipos de rescate declararon que, al parecer, todas las víctimas son de nacionalidad egipcia.

"Pensé que iba a pasar unas felices fiestas con mi familia..., pero me encontré con el infierno, es el día del juicio final", declaró otra superviviente. Como ella, la mayoría de los pasajeros del tren se disponían a pasar con su familia el Eid al Adha, o Fiesta del Sacrificio, con la que los musulmanes celebran el final del mes de peregrinación (el hach), con el sacrificio de un cordero.

Vecinos de las aldeas cercanas ayudaron a los equipos de rescate desde los primeros momentos y llevaron mantas y comida para los pasajeros rescatados. La televisión estatal egipcia emitió impresionantes imágenes captadas en el lugar del accidente, que mostraban cuerpos abrasados pegados a los barrotes de las ventanillas.

Es la mayor tragedia ferroviaria en Egipto desde hace 150 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de febrero de 2002