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El 'narco' fugado Carlos el Negro es un desconocido para la justicia colombiana

Carlos Ruiz Santamaría, Carlos el Negro, el narco fugado el 26 de diciembre pasado y considerado por la Fiscalía Antidroga española como el consejero delegado de los carteles de Bogotá y de la Costa, así como uno de los presos más violentos y peligrosos, es desconocido para la justicia colombiana.

Así se desprende de la respuesta que las autoridades colombianas han dado a la comisión rogatoria remitida por el juez Baltasar Garzón para investigar las ramificaciones de la Operación Temple, sobre la introducción de 10 toneladas de cocaína en España.

Garzón envió fotografías y las huellas decadactilares de varios de los imputados solicitando asistencia judicial internacional con el fin de recabar pruebas documentales que pudieran ser de utilidad en el proceso que se sigue en España contra los imputados de la Operación Temple. La justicia colombiana reclamó más datos a Garzón, puesto que Ruiz Santamaría era desconocido y no figuraba en los archivos sobre detenidos o presos por cualquier concepto.

Fotos y huellas

El magistrado español remitió entonces fotografías y las huellas dactilares de los 10 dedos del narcotraficante fugado.

Sin embargo, tras una búsqueda técnica dactiloscópica, las autoridades judiciales respondieron que ésta era negativa, pues no existen registradas huellas dactilares semejantes en la Registraduría Nacional del Estado Civil de Colombia.

La comisión rogatoria se encuentra incorporada a la causa de la Operación Temple y arroja sombras sobre la verdadera importancia de Carlos el Negro en la organización de narcotraficantes. 'Más que un cerebro, era un sicario enviado por la organización en Colombia para controlar a los que operaban en España', señala un abogado que prefiere no ser identificado.

No obstante, estos documentos pudieron pesar en el ánimo de los jueces de la Sección Cuarta de la Audiencia Nacional cuando pusieron en libertad al narcotraficante, puesto que, la única prueba contra él era la confesión del arrepentido Alfonso León.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de febrero de 2002