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Reportaje:ÁLVARO LÍBANO | ARQUITECTURAS

Aniversario de un innovador técnico

Álvaro Líbano recibió ayer la insignia de oro y brillantes del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro por sus 50 años de profesión. Nacido en Bilbao en 1921, Líbano es uno de los arquitectos que han marcado la imagen del Gran Bilbao, con una creación que comenzó en 1952 y que aporta, sobre todo, un interés por el uso de materiales prefabricados sin perder el gusto por la elegancia y la limpieza de líneas.

Las inquietudes constructivas y técnicas de este arquitecto autor de más de 1.000 obras no dejan de lado la preocupación por el acabado digno de todos sus trabajos. Algunas de sus principales aportaciones se pueden encontrar en el centro de enseñanza de La Ola, la rehabilitación de la Casa de Juntas de Gernika o la primera ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Esta obra ha sido fundamental en el trabajo que Luis María Uriarte acaba de concluir, después de ganar un concurso en el que el propio artífice compartió decisiones con Norman Foster o Rafael Moneo.

Son tres ejemplos que pueden servir de guía de un trabajo que ha atendido lo mismo viviendas unifamiliares, casas de pisos o edificios públicos. En esta ingente obra se percibe, sin embargo, cierta ausencia de espacios abiertos, léase plazas o parques. La excepción podría ser el equipamiento de la zona Miranda de Barakaldo, donde diseñó unas interesantes pistas deportivas que reflejan su interés por las nuevas soluciones vinculadas a la ingeniería.

Esta paradoja tiene su mejor expresión en las reflexiones del propio Líbano cuando recuerda el Bilbao de sus comienzos. 'Entonces, no existían Rekalde, Santutxu o Deusto. La ciudad se estaba diseñando, pero los arquitectos no teníamos ninguna capacidad de intervención, salvo alguna conferencia que se presentaba en el Colegio. En estos años han ocurrido muchas cosas, pero sobre todo lamento que el Ayuntamiento no impulsara los parques de Estraunza (que hubiera sido un prolongación ideal del de Doña Casilda) y de Zabalburu, que habrían supuesto un Bilbao completamente diferente', comenta Líbano.

En aquellos tiempos no se pensaba en la calidad de vida y en el bienestar de los ciudadanos tanto como hoy en día. 'Es una de las características del nuevo Bilbao, que está ocupando un lugar indispensable en las referencias de la arquitectura contemporánea', apunta.

Pero también ahora hay soluciones urbanísticas que disgustan a quien rehabilitó el Museo Vasco del casco viejo bilbaíno. 'Mi única preocupacion es la enorme densidad de edificación que tiene Bilbao; creo que no se está teniendo en cuenta en el desarrollo de la villa. Por ejemplo, las torres de Isozaki, quien, por otra parte, es un arquitecto magnífico, van a crear un terrible problema de accesos', recordaba ayer Álvaro Líbano pocas horas antes de ser galardonado por sus compañeros.

Era una reflexión de quien ha visto pasar por delante de sus ojos decenas de planes de urbanismo, reformas de ordenanzas municipales y decisiones acertadas, arbitrarias y desastrosas. Todo ello le lleva a comentar: 'Los arquitectos deberíamos tener un peso mucho mayor en el desarrollo urbanístico de la ciudad, sobre todo cuando Bilbao se ha conformado como una urbe terriblemente congestionada'.

Anoche, sin embargo, Líbano recibió el homenaje a su trabajos, en los que se encuentran ecos de clásicos absolutos como Frank Lloyd Wright o Mies Van der Rohe o la utilización por vez primera en Vizcaya de materiales prefabricados, siguiendo las iniciativas que se habían emprendido en los Países Bajos.

La Escuela de La Ola, realizada entre los años 1969 y 1973, está formada por un total de seis edificios, situados en una suave ladera, dentro de un parque. Aquí se podría destacar la composición poligonal del conjunto, que busca y encuentra siempre luces, vistas y trasparencias, con una estructura portante muy ligera, de gran fuerza horizontal.

Para quien no haya disfrutado de este edificio, siempre está el accesible Museo de Bellas Artes de Bilbao, donde Uriarte ha continuado el trabajo que Líbano, en colaboración con Ricardo Beascoa, realizó con elegancia para ampliar una construcción decimonónica. En su solución, fechada en 1963, se puede apreciar el interés por abrir la pinacoteca al que entonces era el principal pulmón de Bilbao, el parque de doña Casilda.

Paneles prefabricados

Otra de sus aportaciones, como se ha citado, es el uso de los paneles prefabricados, los llamados muros cortina, además de otras partes de la estructura. Así se puede observar en el edificio industrial Seat de Deusto, que fue finalista del Premio Asua de 1965. Aquí hay que añadir el apunte del contraste entre ese exterior de aire tecnológico con el tratamiento expresionista del patio, propiciado por el recorrido exterior de las rampas de acceso.

En este apartado se puede reseñar los institutos de Txurdinaga, en colaboración con Juan Daniel Fullaondo. Aquí, además del uso de estos nuevos materiales, destaca el carácter diáfano de los espacios interiores, en lo que es una obra de gran potencia formal.

Capítulo aparte merecen sus trabajos de rehabilitación de edificios históricos. El arquitecto bilbaíno recuerda con especial cariño el conjunto de la Casa de Juntas de Gernika, donde se respetaron los elementos simbólicos y se habilitó el interior para los nuevos usos. En el Museo Vasco, las obras atendieron también a una cuestión de recreación escénica, como es la recuperación de la sala del antiguo consulado de Bilbao, que ocupa la última planta. Este trabajo escenográfico es el apunte de un arquitecto preocupado por la elegancia en volúmenes y líneas de sus obras.

APUNTE

Álvaro Líbano forma parte de esa generación de arquitectos bilbaínos que participaron en la construcción de la nueva ciudad. Convaleciente de una grave enfermedad, ayer presentaba su elegancia habitual para recibir un galardón que reconoce la obra de quien también ha dejado su huella en centros de enseñanza e investigación como el conseguido Ikerlan de Mondragón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de enero de 2002

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