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Aparente suicidio de un directivo del gigante eléctrico Enron

El ejecutivo era objeto de una querella presentada por un grupo de afectados por la quiebra

El caso Enron se adentró ayer en el terreno de la tragedia. Clifford Baxter, de 43 años, vicepresidente de la compañía hasta el pasado mayo, fue hallado muerto en su coche, con un disparo en la cabeza, muy cerca de su casa en Sugar Land, un suburbio de Houston (Texas). La policía dijo que todo apuntaba a un suicidio y que Baxter había dejado una nota, cuyo contenido no fue revelado. El ex vicepresidente, que seguía vinculado a Enron como consultor, era objeto de una querella presentada contra 29 directivos por un grupo de afectados por la quiebra, y debía enfrentarse a una comisión investigadora del Congreso.

El cadáver fue hallado a las 2,23 de la madrugada por un policía que observó el coche de Baxter, un Mercedes, mal aparcado en una zona residencial de lujo, y se detuvo para averiguar si había alguien en su interior. Poco antes de hacerse público el fallecimiento, el abogado de Baxter fue contactado telefónicamente por una oficina del Congreso para anunciarle que el Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes tenía interés en hablar con su cliente. Hasta 11 comités y subcomités del Senado y la Cámara de Representantes han iniciado investigaciones sobre la quiebra de Enron, la mayor de la historia, de forma paralela a las investigaciones policiales y de la Comisión del Mercado de Valores.

Los abundantes indicios de que Enron incurrió en prácticas fraudulentas y el que tanto la compañía como sus auditores, Arthur Andersen, destruyeran documentos cuando estalló la crisis, han afectado a la confianza de los pequeños inversores en el sistema financiero, en un momento de recesión muy delicado para la economía estadounidense. Ayer se supo que un analista informático, Mark Zajac, advirtió en octubre a los directivos de Arthur Andersen de que Enron se encontraba en "alarma roja" con claras muestras de "balance fraudulento", pero la firma auditora prefirió callar.

El caso Enron muestra también extensas ramificaciones políticas: la compañía y su recién dimitido presidente, Kenneth Lay, eran las principales fuentes de financiación política del presidente George W. Bush, así como de aproximadamente la mitad de los senadores y representantes, tanto republicanos como demócratas. La Casa Blanca conoció la situación real de Enron antes de que, a mediados de octubre, se hiciera pública y desembocara en quiebra el 2 de diciembre, dejando sin pensiones de jubilación a más de 20.000 personas.

La Casa Blanca alega que fue correcto hacer lo que hizo, nada; se trata de un argumento técnicamente defendible, pero muy arriesgado en año de elecciones parlamentarias. Bush ordenó ayer una "revisión completa" de todos los contratos de la administración con Enron y sus filiales y con Arthur Andersen.

Actividades delictivas

Cliff Baxter era uno de los directivos de Enron alarmados por las prácticas mercantiles y contables de la empresa. Aunque su dimisión, en mayo, se justificó por "razones familiares", parece probable que quisiera alejarse de actividades que consideraba delictivas. La primera alarma interna en Enron fue una carta enviada en agosto por otra vicepresidenta, Sherron Watkins, al entonces presidente del consejo de administración, Kenneth Lay, y en ella se citaba a Baxter: "Cliff Baxter se quejó fuertemente al [presidente Jeff] Skilling y a todos quienes quisieran escucharle, sobre lo inapropiado de nuestras transacciones con LJM [una de las participadas extranjeras donde Enron ocultaba su deuda]", escribió Watkins en uno de los párrafos. La carta auguraba que Enron estallaría por "los escándalos contables". Jeff Skilling, el presidente a quien Baxter expresó sus quejas en agosto, dimitió ese mismo mes, de forma inesperada y argumentando también "razones familiares".

Skilling hizo saber ayer, a través de una portavoz, que estaba "absolutamente destrozado por la pérdida de un buen amigo". Enron emitió un comunicado en el que los trabajadores se declararon "profundamente entristecidos" e hicieron llegar su pésame a la familia y a los amigos de Jeff Baxter, quien había desarrollado toda su carrera como economista en la empresa energética de Texas, después de servir cinco años en el Ejército, en el que alcanzó el grado de capitán de la Fuerza Aérea.

Aunque Baxter ya no formara parte de la cúpula directiva en el momento de la quiebra, la querella presentada por un grupo de afectados le identifica como uno de los ejecutivos que más se beneficiaron de su conocimiento sobre la situación real de Enron. Mientras hasta el pasado verano se estimulaba a trabajadores, pensionistas y público en general a seguir comprando acciones de Enron, los directivos, conscientes de la inminencia del desastre, las vendían. Según la querella e informaciones de la propia compañía, Baxter vendió entre noviembre de 1998 y enero de 2001, cuando Enron era el valor más caliente de Wall Street, sus 577.436 acciones, por un importe de 35,2 millones de dólares (39,5 millones de euros). La consultora Thomson Market Strategies estimó ayer que Baxter había obtenido un beneficio neto de 21,9 millones de dólares, ya que había comprado las acciones a través de opciones a precios muy bajos.

Además del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes, el Subcomité Permanente de Investigaciones buscaba también a Jeff Baxter. Ya se le había exigido, por la vía ineludible de la citación parlamentaria (la llamada subpoena), la entrega de una serie de documentos antes del 31 de enero, y se tenía previsto convocarle en el Capitolio en las próximas semanas para someterse al interrogatorio de los senadores.

Celo investigador

Quizá porque no son ajenos a la financiación proporcionada por Enron y Arthur Andersen, y porque hace un año desestimaron una propuesta para reforzar la vigilancia sobre las empresas bursátiles, los miembros del Congreso parecen tratar de alejar de ellos cualquier sospecha exhibiendo un intenso celo investigador y mostrando una especial ferocidad en los interrogatorios. "Enron robó el banco, Arthur Andersen proporcionó el coche para la fuga, y dicen que usted estaba al volante", le espetó el jueves el representante republicano Jim Greenwood al auditor David Duncan, responsable directo de la supervisión de Enron.

La onda expansiva del caso Enron indujo el jueves a un puñado de parlamentarios republicanos a romper con la línea de sus jefes de partido y reclamar una votación sobre la reforma de la financiación de las actividades políticas. La acción de esos representantes dio la mayoría necesaria a la iniciativa, y desbloqueó una cuestión permanentemente enquistada en el seno de la política estadounidense. La fecha de la votación aún no ha sido fijada; de aprobarse la reforma, podría abrir un proceso de regeneración largamente demandado por algunos líderes, como el ex aspirante a la presidencia John McCain, y la inmensa mayoría del electorado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de enero de 2002