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Editorial:

A 30 metros de Arafat

El conflicto entre Israel y los palestinos no parece tener solución hoy por hoy. Europa es impotente, Arafat está sitiado por los tanques israelíes, que han arrollado y ocupado la mitad de Ramala, hasta llegar a 30 metros de su oficina. La Autoridad Nacional Palestina se va vaciando día a día de capacidad de maniobra. Israel promete dar a los palestinos 'una lección que no olvidarán'. Sólo EE UU podría imponerse, pero la Administración de Bush, en año de elecciones al Congreso, no quiere enajenarse el voto judío, ni tampoco quemarse las manos implicándose a fondo.

La apariencia de tregua se ha roto por completo. El jueves, un miembro de las Brigadas de Al Aqsa, vinculadas al gubernamental Al Fatah, se cobró la vida de seis israelíes en una discoteca en Hadera, a 50 kilómetros de Tel Aviv, primer atentado palestino contra civiles israelíes desde que Arafat apelara a un alto el fuego a mediados de diciembre. Las represalias de Israel son bélicas, y sigue exigiendo a la ANP que detenga a los terroristas, pero a la vez destruye los medios que lo harían posible, como ocurrió ayer al bombardear los F-16 un cuartel de la policía palestina en Cisjordania. La ANP ha detenido a Ahmed Saadat, líder del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Arafat difícilmente puede ir más allá, so pena de perder todo contacto con su opinión pública.

En tal contexto, Piqué, como presidente de turno del Consejo de la UE, ha hecho prueba de realismo al concluir su gira por la zona: la situación no está madura para siquiera empezar a contemplar la viabilidad de una posible nueva conferencia de paz. Hay que concentrarse 'en el corto plazo', es decir, hacer todo lo posible, que no es mucho, para que el conflicto no llegue a una situación irreversible que destruya definitivamente lo poco conseguido desde que se inició el proceso de paz diez años atrás. La advertencia del Gobierno de Ariel Sharon de que el Ejército israelí está preparado para volver a ocupar territorios devueltos a los palestinos debe ser tomada en serio. Ahora bien, que Europa dé muestras de impotencia no significa que deba cejar en su empeño para conseguir esa 'concertación internacional indispensable' que reclama Piqué. Aunque, probablemente, tienen razón los que consideran que la posibilidad de abrir un nuevo horizonte esperanzador sólo llegará después de que la situación haya empeorado aún más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de enero de 2002