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ESCÁNDALO EN EE UU

Wall Street suspende la cotización de las acciones del gigante eléctrico Enron

El presidente de la compañía había sido advertido sobre el desastre financiero interno

Wall Street propinó ayer el golpe final a las acciones de Enron al suspender su cotización en la Bolsa de Nueva York. El mercado de valores considera que la bancarrota de la compañía energética justifica una medida que pretende no empeorar la perspectiva financiera de los pequeños accionistas. También se supo ayer que cuando Kenneth Lay, presidente de Enron, distribuía correos electrónicos entre sus trabajadores sobre la "inmejorable" salud financiera de la compañía, una de sus personas de confianza le había advertido por carta sobre "irregularidades, secretismo y posibles escándalos".

Según los responsables de la Bolsa, Enron tiene derecho a que se revise su suspensión, aunque la orden no les alienta a hacerlo: les recuerda que las acciones, que llegaron a cotizar a 90 dólares en agosto de 2000, han cerrado a menos de un dólar en los últimos 30 días de cotización.

En otro ángulo del caso, varios miembros del congreso que lo investigan desvelaron la existencia de una carta que contradice abiertamente la supuesta sorpresa que supuso para Lay la caída en picado de su propia empresa. Desde el envío del texto hasta la suspensión de pagos apenas pasaron tres meses; antes, Lay y sus directivos se acababan de enriquecer con la venta de acciones la compañía.

La fecha de la carta proporciona una prueba más sobre el grado de conocimiento real de los directivos sobre el desastre financiero de la compañía. Lay ha asegurado hasta ahora que las pérdidas repentinas en el tercer trimestre del año fueron "inesperadas" después de más de 20 periodos consecutivos de crecimiento y beneficios.

El texto de la carta ha sido parcialmente facilitado por varios miembros de la Cámara de Representantes que participan en una de las comisiones encargadas de investigar el caso. Aunque los congresistas mantuvieron oculto el nombre del remitente, The New York Times asegura que se trata de Sherron Watkins, vicepresidenta de un departamento de la compañía.

Watkins envió el texto a mediados de agosto para hacer saber a Lay que se sentía "increíblemente nerviosa porque estamos entrando en una ola de escándalos contables". Watkins se quejaba del "velo de secretismo" que oscurecía todo lo referente a asociaciones de Enron con compañías marginales que aparentemente servían sólo de tapadera para esconder las cifras reales del desastre financiero.

Watkins expresaba su "angustia" al contemplar ciertas prácticas contables, especialmente los acuerdos que uno de los altos cargos, Andrew Fastow, usaba supuestamente para inflar de manera ficticia los beneficios de la empresa. Quienes han leído el texto completo de la carta aseguran que en otro pasaje Watkins le cuenta a Lay cómo ella misma ha podido escuchar a un alto cargo decir esto: "Sé que sería devastador para nosotros, pero espero que nos cojan. Somos una empresa de sinvergüenzas". La carta comenzaba con dos preguntas: "¿Se ha convertido Enron en un sitio peligroso para trabajar? Quienes no nos hemos hecho ricos en los últimos años, ¿podemos permitirnos seguir aquí?". Watkins también aseguraba a Lay que varios altos cargos cuestionaban "de manera constante y continua" las prácticas contables de la dirección.

Con la carta en su poder, Lay todavía distribuía correos electrónicos entre sus empleados sobre las halagüeñas perspectivas de futuro. La mayoría de los trabajadores tenían sus pensiones invertidas en acciones de la compañía y las han perdido con la bancarrota. William Lerach, abogado de un grupo de accionistas que ha demandado a Enron, aseguró que todo esto consolida la hipótesis del enriquecimiento apresurado de un grupo de directivos. "Pusieron cientos de millones de dólares en sus bolsillos mientras los empleados y otros accionistas lo perdían todo", dijo Lerach.

El abogado de Enron, Robert Benett, se quejó ayer en Washington de que el Congreso esté filtrando papeles a la prensa. "Creo que es muy injusto que los comités del Congreso que dicen ser justos y objetivos en su investigación distribuyan documentos de manera selectiva". Insistió en que su cliente, Kenney Lay, actuó de manera "muy, muy responsable" y que la carta de Watkins le produjo "preocupación".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de enero de 2002