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Reportaje:CRÓNICA EN VERDE

La riqueza escondida

El valor de las setas triplica al de otros aprovechamientos silvestres en algunas comarcas

A diferencia de otras regiones, como Cataluña o el País Vasco, donde la recolección de setas es una actividad popular, Andalucía ha vivido de espaldas a este regalo de la naturaleza. Sin embargo, en los últimos años se ha puesto de manifiesto la elevada rentabilidad que, en algunas comarcas, puede alcanzar este recurso silvestre y han comenzado a proliferar las sociedades micológicas, colectivos de aficionados al estudio, conservación y degustación de este manjar. Como contrapunto, no existe legislación que regule estas actividades ni se sabe a ciencia cierta qué especies crecen en la comunidad y en qué situación se encuentran.

Desde hace años, algunas localidades andaluzas, como Villaviciosa de Córdoba, saben de la enorme rentabilidad económica de una actividad, la recolección de setas, que en casi toda la región se considera marginal. En este municipio serrano, cuando el otoño es propicio, abunda el níscalo, demandado, sobre todo, por el mercado catalán. Miles de kilos se venden en esta época del año a los intermediarios que acuden en busca del codiciado alimento. Y algo parecido ocurre en otros pueblos de Cádiz o Huelva con especies como la tana o el gurumelo.

Lo que hasta hace poco era una rareza comienza a convertirse en una actividad capaz de generar importantes beneficios, muy superiores a los que se atribuyen a otros recursos clásicos de los espacios naturales andaluces, como la madera, el corcho o las plantas aromáticas. En determinadas comarcas la recolección de setas y trufas puede alcanzar rendimientos cercanos a las 800.000 pesetas por hectárea, más del triple de lo que se obtiene, por ejemplo, del corcho en idéntica superficie.

El descubrimiento de esta riqueza escondida coincide con la proliferación de sociedades micológicas, en donde se reúnen los aficionados al estudio, conservación y aprovechamiento de estos frutos silvestres. Y para terminar de componer este escenario de última hora los científicos vienen advirtiendo sobre las amenazas que están provocando la desaparición de algunas variedades.

José Guirado, director general de Conservación del Medio Natural, está convencido de que éste es 'un momento estratégico, en el que se puede plantear una regulación de esta actividad de manera sostenible'. Todavía no hay una gran presión sobre setas y trufas, aunque ya se sabe de su contribución potencial a las rentas rurales, y las asociaciones de aficionados han alcanzado la suficiente madurez como para servir de apoyo a la administración.

Como una pieza más de ese modelo en el que se propone 'una visión integral del monte mediterráneo, a la que se suman todos los activos' que proporciona, la Consejería de Medio Ambiente acaba de poner en marcha el Plan Cussta, cuyo objetivo es conservar este recurso al mismo tiempo que se organiza su aprovechamiento racional.

Los expertos proponen, en primer lugar, el desarrollo de una normativa que garantice la supervivencia de estas especies, ordenando las actividades de recolección de una manera gradual, acorde a las características ambientales y sociales de cada territorio. Algo que ya han hecho las comunidades de Aragón (1995), Navarra (1992) o Valencia (1996), en algunos de cuyos territorios se han creado, incluso, cotos de setas.

En Andalucía, se comienza a barajar la posibilidad de constituir Zonas de Reserva de Hongos (ZRH), localizadas en aquellos enclaves en los que sea necesario proteger, de manera estricta, a algunas especies, bien por estar sometidas a una excesiva presión o por que sean escasas o raras.

Mientras se trabaja en el desarrollo de este tipo de aplicaciones legales, los especialistas comenzarán a elaborar un inventario de setas y trufas. Las estimaciones hablan de un millar de especies diferentes en toda la región, aunque las guías más completas apenas recogen información de unas 300 variedades, de las que alrededor de un centenar son comestibles. En setas todo parece indicar que Andalucía conserva una elevada diversidad, a la que contribuyen especies endémicas de la zona mediterránea. Y en trufas es posible que esta sea la región de Europa más rica, tanto en cantidad como en variedad.

El diseño de rutas micológicas, y el establecimiento de puntos de información en determinados espacios naturales ricos en este elemento, también se ha previsto en las iniciativas que irán incorporándose al Plan Cussta, cuyo presupuesto inicial ronda los 50 millones de pesetas.

Todas las labores, tanto científicas como divulgativas, asociadas a esta iniciativa estarán centralizadas en el Centro Andaluz de Micología, que contará con un área de uso público en la que los visitantes podrán profundizar en el conocimiento de los hongos, tanto a través de elementos expositivos y medios audiovisuales como en vivo, gracias al establecimiento de jardines en donde crecerán algunas de las especies más características de la región. El centro posiblemente se instale en la provincia de Córdoba.

Comentarios y sugerencias a propósito de Crónica en verde pueden remitirse al e-mail: sandoval@arrakis.es

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Un reino diferente

Los hongos no son vegetales, aunque el naturalista sueco Karl von Linneo así los consideró en el siglo XVIII, pero tampoco son animales. Están a medio camino de ambos, y constituyen, tan sólo desde 1969, el reino fungi o reino de los hongos, un territorio de gran complejidad para los científicos y que todavía esconde muchos secretos. Aunque durante años no se les haya prestado mucha atención, los hongos desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas, ya que descomponen la materia orgánica y la ponen a disposición de las plantas. Asimismo, establecen relaciones de simbiosis con algunos vegetales, algo que se ha demostrado crucial en el caso del monte mediterráneo. 'Las raíces de la encina', explica Baldomero Moreno, coordinador del Plan Cussta, 'se asocian simbióticamente con un hongo que les proporciona una mayor capacidad de absorción de los nutrientes y, además, defiende al árbol de algunas enfermedades'. Este tipo de relaciones, en las que se manifiesta un beneficio mutuo, son muy frecuentes y potencialmente de gran interés en labores, por ejemplo, de restauración forestal. Pero los hongos también entrañan cierta peligrosidad. Algunos de ellos contienen sustancias tóxicas que pueden llegar a provocar la muerte, por lo que no conviene recolectarlos, y mucho menos consumirlos, si se carecen de unos conocimientos básicos pero rigurosos, nunca basados en creencias populares sin fundamento. En el caso de los componentes alucinógenos, presentes también en algunas especies, el Plan Cussta llama la atención sobre la ausencia de normativa que, en España, regule el uso de este tipo de hongos que, a todos los efectos, pueden considerarse como una droga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de diciembre de 2001

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