Reportaje:Raíces

Un paraíso marcado por la violencia

El jerezano Cabeza de Vaca descubrió una zona de Latinoamérica donde opera Al Qaeda

Asunción del Paraguay y su comarca fueron calificadas como 'paraíso de Mahoma' en documentación del siglo XVI. Ello en alusión a las 72 doncellas que de acuerdo con el Corán corresponden a cada hombre que merezca la gracia de Alá. Parece paradoja que cerca de allí, a la vera de uno de los paisajes más vigorosos del planeta, actúe en las sombras una rama importante de los movimientos islámicos extremistas, buscando idéntico paraíso.

Son muchos los indicios que llevan a creer que en la triple frontera situada en la desembocadura del río Iguazú en el Paraná hay una importante célula de la organización de Bin Laden (ver EL PAÍS de 9 de noviembre). Esa frontera, que comparten Paraguay, Brasil y Argentina, es extraordinariamente permeable. Dinero, corrupción vinculada al contrabando y extraordinaria movilidad de las personas parecen haberla convertido en un lugar ideal para redes como Al Qaeda.

Un andaluz, cuando aquello todavía no era una frontera, pero ya comenzaba a ser calificado de 'paraíso de Mahoma', fue el primer europeo que lo visitó y pudo contarlo. Álvar Núñez Cabeza de Vaca (Jerez de la Frontera, 1507-Sevilla, 1559) fue llamado así por la que lucía en su escudo. Cabeza de Vaca naufragó en el sur del actual Estados Unidos y sobrevivió a calamidades inauditas. Una década después consiguió volver a la Península. Poco más tarde -en 1540- volvió a embarcarse, esta vez como gobernador destinado al socorro del Paraguay.

Emprendió una travesía singular marchando desde la costa del Brasil, por regiones que ningún europeo había visitado antes. Distinguió entre facciones que comían carne humana y las que no lo hacían. Con todas negoció y, durante los más de mil kilómetros y cinco meses de travesía, a nadie hirió; ninguno de sus hombres fue herido.

Fue entonces cuando descubrió -y él se hizo tiempo para admirar- las cataratas a cuya vera está hoy la ciudad de Foz do Iguaçu. En su marcha, Cabeza de Vaca dio con un río cuya corriente lo conducía en la dirección deseada e improvisó embarcaciones para aprovecharlo.

Su gobierno fue breve y estuvo marcado por expediciones hacia el corazón de América, buscando metales preciosos. Paralelamente parece haber gastado mucho de su empeño en impedir prácticas indígenas como la antropofagia, al tiempo que abusos de los europeos. De los guaraníes narró que a sus cautivos 'traenlos a sus pueblos, y con ellos hacen grandes placeres y regocijos... lo cual dura hasta que el cautivo está gordo. Porque luego que lo cautivan lo ponen a engordar y le dan todo cuanto quiere a comer, y a sus mismas mujeres e hijas para que haya con ellas sus placeres...'.

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También parece haberse empeñado en limitar los abusos de los conquistadores en aquel 'paraíso de Mahoma', sin conseguirlo, ya que poco más tarde un sacerdote denunciaba 'que muchas indias de verse fatigadas y con el deseo de sus hijos y maridos, y visto que no podían ir a ellos, se ahorcaban...'. 'Querer contar y enumerar las indias que al presente cada uno tiene, es imposible, pero paréceme que hay cristianos que tienen de 80 a 100 indias... Se ha visto jugar una india, digo una aunque muchas son, pero ésta, en pena de su maleficio, tuvo el candil y lumbre mientras la jugaban, y después de jugada, la desnudaron, y sin vestido, la enviaron con el que la ganó, porque decía no haber jugado el vestido que traía...'.

Algunos historiadores creen que los esfuerzos de Cabeza de Vaca por limitar los abusos le costaron el cargo y la prisión. Quienes le habían derrocado decidieron enviarlo a la Península. Luego de padecer cadenas, tormentas e intentos de envenenamiento, llegó a Castilla, donde continuaron sus desventuras. Cabeza de Vaca vivió los años siguientes envuelto en interminables pleitos. Se cree que el último año de su vida fue rehabilitado y llegó a ocupar un alto cargo en Sevilla.

Casi cinco siglos separan aquel 'paraíso' de abusos que intentó corregir del que, con signo y significado diferentes, se procura alcanzar desde el paisaje de sueño que Cabeza de Vaca descubrió para Occidente.

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