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Los sijs celebran hoy su mayor fiesta religiosa tras la prohibición talibán

El pequeño templo sij de Kabul se ha engalanado durante toda la semana para celebrar hoy a Bab Anak. La modesta comunidad nunca ha dejado de conmemorar el aniversario del nacimiento de su primer profeta, pero después de que los talibanes quisieran imponerles un lazo distintivo al estilo nazi la caída de ese régimen es una bocanada de aire fresco.

"La última vez que Rabbani estuvo en el poder estuvimos satisfechos con ellos, incluso solíamos reunirnos con representantes de la Administración para tratar nuestros problemas", manifiesta Autar Singh, el responsable del templo. Los hindúes y sijs que quedan en Afganistán, apenas 1.700 entre las dos comunidades, son los más pobres. De hecho, son tan pocos que han unido fuerzas al margen de las rivalidades que enfrentan a sus religiones en India, donde surgieron.

"Eso no va a cambiar de repente", declara Singh. Los cinco años de extremismo islámico del régimen talibán sólo añadieron más dificultades a una vida que ya la guerra había hecho muy difícil. La mayoría de los sijs afganos son pequeños comerciantes.

Hace unos meses, un decreto del líder talibán Mohamed Omar exigía a todos los afganos no musulmanes que portaran un lazo de color que los identificara según su religión. Además de los sijs y los hindúes, sólo quedaba en Afganistán un judío. "Una delegación de nuestros mayores acudió a la policía y logramos evitarlo", añade Singh sin dar más importancia a una decisión que suscitó la indignación internacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de noviembre de 2001