Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Miles de obreros protestan contra la ley de despido de Berlusconi

Decenas de miles de trabajadores de las grandes fábricas del norte de Italia (Fiat, Alenia, Pininfarina, Piaggio, Scagliatti-Ferrari, entre ellas) desfilaron ayer por las calles de Roma para denunciar el convenio colectivo de los metalúrgicos, firmado en junio por la patronal y tres sindicatos menores, rebeldes a la línea de CGIL, el mayor sindicato del país.

La marcha, que concluyó con una concentración en la plaza de San Giovanni, se convirtió en un masivo acto de protesta contra la ley aprobada por el Gobierno de centro-derecha el día antes, que cancela la obligación de readmitir a un trabajador injustamente despedido. "Es una ley a la que tenemos que enfrentarnos", dijo el secretario general de CGIL, Sergio Cofferati, "porque pone en discusión el Estatuto de los Trabajadores. Hay que defender a toda costa el derecho a no ser despedidos". Y anunció una respuesta contundente de todos los sindicatos a la propuesta.

El lunes, los líderes de CGIL, CISL y UIL se reunirán para estudiar una serie de medidas entre las que figurará, probablemente, la huelga general. Cofferati lo advirtió ayer al señalar que la ley que anula el artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores por cuatro años, de forma experimental, "puede llevar a una ruptura dramática del diálogo entre los sindicatos y el Gobierno".

División sindical

Pero si la unidad sindical está asegurada en lo que respecta a la primera iniciativa del Ejecutivo en materia de reforma del mercado de trabajo, la manifestación de ayer que congregó a 250.000 trabajadores según los convocantes, era, en cambio, una demostración palpable de división sindical.

La marcha estaba convocada exclusivamente por el poderoso sindicato ex comunista CGIL (la mayor fuerza de la izquierda italiana con sus más de dos millones de asociados) y la Fiom, su sección metalúrgica, contrarios ambos a los términos del convenio colectivo del metal firmado en junio pasado entre la patronal (Federmeccanica) y los representantes de CISL y UIL del metal.

Y las críticas más duras a la manifestación procedieron de los líderes sindicales ausentes, que la acusaron de responder a fines políticos más que a los intereses de los trabajadores.

Éstos, llegados a Roma desde las cuatro esquinas de Italia, -sobre todo del norte del país-, en 25 trenes especiales y más de 2.000 autobuses, desfilaron por las calles de la capital portando una pancarta unitaria, "Por el convenio. Por la democracia", y centenares de banderas rojas. También había numerosas pancartas con consignas contra el jefe del Gobierno, Silvio Berlusconi y el ministro de Trabajo, Roberto Maroni.

La izquierda en pleno se sumó a la manifestación. La plana mayor del partido de los Demócratas de Izquierda desfiló junto al líder rebelde, Fausto Bertinotti, del Partido de Refundación Comunista, a un paso de los líderes del Foro Social, Vittorio Agnoletto, y de los monos blancos, Luca Casarini.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de noviembre de 2001