¿HAY QUE REFORMAR EL ESTATUTO DE AUTONOMÍA?
Columna
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El debate

Normalmente, resulta bastante poco recomendable menospreciar la capacidad intelectual del adversario, o del prójimo; pero cuando eso se hace desde la responsabilidad de gobernar, resulta no ya poco recomendable, sino peligroso. Cada vez es más amplio el abismo que separa a la clase política de los ciudadanos a los que se supone que sirven (y hablo con conocimiento de causa, por haber estado antes en aquel lado). Y me da la impresión de que se está menospreciando el intelecto de los andaluces al tratar de imponernos un debate cuya necesidad no sentimos; y eso ocurre porque no se está en la realidad de las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos.

Me viene a la mente estas consideraciones al abordar un tema que viene ronroneando desde hace algunos meses; o, para hablar con mayor propiedad, un asunto que algunos nos quieren imponer como tema de debate a los andaluces en los últimos tiempos. Me refiero a la tan traída y llevada Reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía, de cuya elaboración se cumplen ahora veinte años. Y bien que nos hemos enterado, porque desde la oficialidad propagandística de la Junta de Andalucía se nos ha repetido hasta la saciedad la 'necesidad' de abordar la reforma del Estatuto de Autonomía.

¿En qué encuesta se dice que los andaluces sentimos la imperiosa necesidad de modificar, de reformar el Estatuto? ¿Es que acaso el traje autonómico se nos ha quedado pequeño? ¿Qué competencias no previstas en el propio Estatuto quiere asumir la Junta de Andalucía que no tengamos ya asumidas? El techo competencial previsto en el Estatuto es tan alto (como el vasco, el catalán o el gallego) que prácticamente no quedan competencias sin asumir o que no estén en proceso de asunción. Ahora bien, si no somos capaces de gestionar bien las competencias que tenemos, ¿cómo vamos a asumir más?

El problema del Estatuto no es que se nos haya quedado pequeño: el problema del Estatuto es que no ha sido cumplido y que no han sabido desarrollarlo (o no han querido desarrollarlo, ¡vaya usted a saber!) desde la Junta de Andalucía. Y todo lo demás son milongas. Porque, a ver, ¿qué opinan los andaluces de cómo se gestionan por la Junta de Andalucía las competencias en materia de Sanidad, de Educación, de Agricultura, de Medio Ambiente, de Obras Públicas, de Justicia, de Función Pública...?

Y si todo ello es así, ¿a qué viene tanta insistencia en introducir en la sociedad andaluza la necesidad de debatir acerca de la Reforma del Estatuto de Autonomía? Si los andaluces tenemos otras muchas prioridades, ¿por qué tratar de meternos en un debate que ni queremos ni entendemos?

La respuesta se me antoja nítida: para que no se hable de otra cosa. Para que no se hable precisamente del maltrato que la Junta de Andalucía (el PSOE-A desde hace 20 años) está infligiendo al manoseado Estatuto de Autonomía y de la desidia y el abandono en el ejercicio de las competencias exclusivas que el Estatuto nos otorga. Es decir, de lo mal que funciona en Andalucía la Sanidad; de los inmensos problemas que planean sobre la Educación de nuestros chavales (sin darse cuenta de que estamos hipotecando su futuro y, con él, el de Andalucía); del poco cuidado y el poco caso que desde la Junta de Andalucía (a pesar del ecoprogresismo pseudooficial del PSOE-A) se presta al Medio Ambiente andaluz (¿hay que recordar la responsabilidad de la Junta en el desastre ecológico de Aznalcóllar?); de la situación de la Administración de Justicia en Andalucía, que si antes no era buena, desde que la Junta asumió las competencias no ha hecho sino empeorar en caída libre, como han denunciado los sindicatos de funcionarios de Justicia y las asociaciones y colegios profesionales; del desprecio hacia la Función Pública, incapaces de dar solución al gigantesco problema de los interinos... ¿Seguimos repasando las competencias asumidas por la Junta de Andalucía? Causa pavor el repaso. ¡Ese si se me antoja que sería un buen debate con motivo de los 20 años de aprobación del Estatuto!

Causa pavor el repaso, y causa pudor ver a personajes (que antes fueron del PCE o de la UCD, ahora, socialistas de toda la vida) hacer pomposamente el panegírico de la 'necesidad' de la Reforma en los medios oficiales u oficiosos (televisión, radio y prensa escrita), y sobre todo hacer la crítica del PP, al que culpan del incumplimiento del Estatuto. (Sinceramente, no entendemos la crítica al PP, cuando la situación de desarrollo o no del Estatuto es responsabilidad exclusiva del PSOE-A, que es quien ha estado gobernando Andalucía desde que se aprobó el Estatuto). La actuación de estos personajes delata que sienten más necesidad de contentar al amo que de ser leales con Andalucía.

Y no quiero entrar en el mal gusto que ha supuesto desde los medios oficiales (Canal Sur) y desde algunos oficiosos, la postergación absoluta, el entierro en el más despreciable olvido de quien participó directamente en la elaboración del Estatuto, aunque se incorporara a los trabajos preparatorios del mismo cuando el proceso ya estaba en marcha. Por eso es especialmente doloroso que no le hayan dado su sitio; por eso es realmente injusto el silencio de que ha sido víctima Soledad Becerril.

¡Ojo! No estoy diciendo que no deba reflexionarse sobre el Estatuto, su extensión y su grado de desarrollo, que me parece muy saludable; pero hablar sin más de la 'necesidad' de reformarlo, ¿para qué? El Estatuto hay que cumplirlo, no reformarlo.

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