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COLUMNA

Competitivos

Si hay un concepto duro, indefinido, desfigurado y manido es el de las infraestructuras. Es decir, lo que se necesita para ser competitivos. En los foros empresariales de la Comunidad Valenciana se ha producido un abuso de la reivindicación infraestructural. Últimamente se ha publicado que para desarrollar el proyecto que ha de dar acceso al puerto de Valencia por el norte, hacen falta veintitrés mil millones de pesetas. Es una cantidad. Yo me preguntaría, desde otro enfoque, cuánto tiempo y, por consiguiente, cuánto dinero han perdido los intereses económicos valencianos con el retraso que lleva este proyecto desde que se redactó el primer estudio de viabilidad hace doce años. Y todavía estamos discutiendo si lo hacemos con un túnel o en superficie.

Si consideramos que el AVE también es una infraestructura importante, los valencianos de hoy sabemos que, muy posiblemente, no lo veremos terminado entre Valencia y Madrid. También somos conscientes de que este medio de transporte de viajeros es ideal para distancias medias y largas. Y lo que es más grave, estamos seguros de que las zonas y ciudades de Europa, se diferenciarán entre las que dispongan de tren de alta velocidad y las que no lo tengan. Estas últimas, no es preciso aclarar que quedarán en una especie de segunda división, en cuanto a sus condiciones objetivas para los desplazamientos, los negocios, el turismo y las conexiones.

Algunos valencianos también creemos que el trazado de AVE más lógico e interesante desde el punto de vista económico y estratégico era el que debía conectar la frontera francesa con el sur de la península, recorriendo y vertebrando todo el litoral mediterráneo español. Y puestos a enumerar otros proyectos pendientes, tenemos el famoso aeropuerto de Castellón-Villareal, el eterno Parque Central de la ciudad de Valencia, y la ampliación y acondicionamiento del aeródromo de Manises para mercancías y pasajeros. Las fuerzas vivas alicantinas también tienen sus proyectos que van del ocio al negocio, pasando por el turismo. La Ciudad de la Luz y la acomodación de la red urbana a los tiempos modernos. Y, en este sentido, hay otras infraestructuras deseadas, como lo es el Plan Hidrológico Nacional, cuya trascendencia es de alcance autonómico. Los valencianos -¿quién lo iba a decir?- estamos muertos de sed para regar y para beber. Ya padecemos desde hace varios años la insoportable carencia de agua potable en municipios que quieren ser catalogados como enclaves de turismo de alto nivel. Nuestros visitantes no comprenden que se autorice la construcción de amplios campos de golf, allí donde no hay agua para atender las necesidades de la población. Mientras tanto, los impuestos que gravan las propiedades urbanas se incrementan en un 30% anual y los precios del agua salada superan a los que se pagan por las aguas de excelente calidad.

Cuando hablamos de infraestructuras pensamos en carreteras, cemento, puentes y hormigón. Probablemente tendríamos que reflexionar más en las prioridades, con el fin de alcanzar el máximo progreso para las zonas con mayores perspectivas, pero sin olvidar que la invasión incontrolada de los espacios, ocasiona grandes gastos para realizarla y otros mayores para recuperarla. Y todo se hace con el dinero del contribuyente, pero eso sí, con mucha irresponsabilidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de octubre de 2001