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Columna
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El jodío rojo

Poco después de la guerra, Ignacio Agustí estaba en la terraza del Café Gijón cuando pasó un mendigo cojo que dijo que su herida era de guerra. El autor de la gran novela Mariona Rebull -y tantas otras- le dijo que era imposible: el Estado protegía a los Caballeros Mutilados. 'Es que yo era republicano...'. '¡Ah!', dijo Ignacio. 'Un jodío rojo. ¡Ale, fuera, fuera!'. Se avergonzó de cómo le miré, y me dijo: 'Dale tú algo, si quieres'. Utilicé el permiso del ilustre fascista, aunque realmente sólo tenía en el bolso moneditas de rojo. Me pagaban en Infornaciones cien pesetas al mes. Ya, ya sé que el dinero de entonces no era el de ahora. Pongamos que hoy me darían 100 veces más: diez mil al mes. Y el periódico de 1,50 se vendería como ahora: a 150 pesetas.

La guerra, al parecer, continuaba. Creo que sigue, vista la caridad que el Gobierno de Ruiz-Gallardón está teniendo con los antiguos presos rojos de Madrid con más de tres años de cárcel. Ayer se reunieron algunos y decidieron devolver el dinero: no quieren limosnas. Hacen mal. La cantidad es ridícula, pero el dinero nunca es ofensivo: hay que tomarlo y dárselo a otros que lo necesiten. El castigo de Franco fue enorme en cantidad y en calidad: cárceles y paredones, y muertos presos, y huidos, y desprovistos de toda clase de ayuda. Los que entonces salíamos encontrábamos mujeres que se dedicaban a la prostitución porque sus maridos o padres estaban en cárcel: o habían caído. No rechazaban el dinero del cliente: era honrado. Recuerdo una dama que 'recibía' y me decía: 'Tengo que hacer esto porque mi marido se llevó la llave de la despensa y el bastón': el bastón: porque la deslomaría si la viera. No creo que los supervivientes de las cárceles de hace 65 años encuentren en esas monedas más deshonor que el que encontraron sus mujeres: las rojas. Bien, está claro que estos supervivientes no les van a ser Caballeros Excautivos, ni Excombatientes, ni Mutilados por la Patria. El que pierde, pierde para toda su vida y para los descendientes: hasta la séptima generación.

Coge el dinero, camarada, y corre. Tendrás gente que lo necesite: y si no, los que duermen en la calle en cajas de cartón. Quién sabe si son hijos o nietos de compañeros. En todo caso, víctimas a lo largo de que la guerra la ganaran los malos. Si la hubieran ganado los otros... Más vale no especular. Ya que hubo unos malos, no pensemos que los otros lo serían también. No merece la pena, y sería injusto.

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