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Editorial:

Atisbo de esperanza

El alto el fuego indefinido que se mantiene en vigor desde la medianoche del jueves es lo más alentador que ha sucedido en Macedonia desde que se iniciara en febrero la insurgencia albanesa. Negociado básicamente por un enviado de la OTAN, separadamente con el Gobierno de unidad macedonio y con los rebeldes, forma parte de un plan occidental para asegurar un acuerdo de principio entre las dos partes a lo largo de esta semana. Y podría abrir paso a la presencia en Macedonia, quizá antes de agosto, del contingente de 3.000 soldados de la Alianza -españoles entre ellos, según confirmó ayer el ministro Trillo- que se encargará fundamentalmente de recoger el armamento de la guerrilla.

El calendario de la diplomacia occidental roza el cuento de hadas, pero, además de la OTAN -que había descartado una implicación previa a un acuerdo-, Estados Unidos y la Unión Europea trabajan contrarreloj en la que puede ser última oportunidad para evitar un enfrentamiento civil. El viernes, el enviado estadounidense James Pardew y el emisario de la UE François Leotard presentaron a los partidos un borrador sobre el que hoy deben comenzar a negociar la mayoría eslava y la agraviada minoría albanesa. Los líderes políticos albaneses expresaron anoche su desacuerdo con el texto.

Las posiciones están muy alejadas. Las dos formaciones albanesas en el Gobierno han publicado una batería de demandas que, además de la igualdad en los ámbitos laboral, educacional y cultural a través de un radical cambio constitucional, exigen negociar fuera de Macedonia, con la mediación de Washington y la UE, un acuerdo sobre los derechos políticos de su minoría, algo que también piden los rebeldes. Tanto el desguace constitucional como la solemnización del arbitraje exterior -pese a que ya hay una gran implicación internacional en Macedonia- son ahora tabú para Skopje, que teme abrir con ello la puerta a la división del país sobre consideraciones étnicas.

Pese a que casi todo está por hacer en la frágil Macedonia, sólo a través de un armisticio consolidado es posible un clima negociador. En las semanas pasadas, las constantes violaciones de treguas ficticias han convertido en diálogo de sordos los encuentros entre eslavos y albaneses. El fracaso del alto el fuego vigente significaría la vuelta a un enfrentamiento que ningún bando puede ganar -la guerrilla por su insignificancia y el ejército por su falta de preparación y de armamento-, pero que podría elevar la ya alta tensión entre las dos comunidades a un punto sin retorno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de julio de 2001