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Reportaje:

Conciertos para llevar a casa

El Café Central edita una colección de discos grabados en sus sesiones diarias de jazz en directo

En agosto se cumplen 19 años del Café Central, un local que no ha dejado de tener una sesión diaria de música de jazz en directo. Aunque en todo este tiempo muchos artistas lo han elegido para actuar, nunca se habían atrevido a grabar allí sus discos en directo. Lo han hecho ahora el saxofonista madrileño Andreas Prittwitz, prestigioso músico de acompañamiento en los discos de artistas como Joaquín Sabina, y Gerardo Pérez, uno de los socios del café.Prittwitz pone su sabiduría musical y su pequeño sello, Ingo Música. Pérez, el escenario. Así ha nacido En el Central, una colección que se inició a principios de año con el disco del armonicista Antonio Serrano, acompañado del pianista Joshua Edelman, y que continúa ahora con el de Fuasi & Ensemble, el grupo del saxofonista Fuasi Abdul-Khaliq.

'La intención de la colección', explica Prittwitz, 'es que promocione el café y que sirva de oportunidad a los músicos de jazz sin tener que meterse en todos esos follones de contratos que exigen las grandes compañías'. 'Era casi una exigencia que nos hacía el público del café, que muchas veces comentaban que les gustaría tener grabados los conciertos', argumenta Pérez.

Reticente al principio, Gerardo Pérez vio la luz cuando habló con Prittwitz del proyecto. 'No sabíamos nada de lo que es la industria discográfica', confiesa, 'pero Andreas sabe cómo se hacen esas cosas. Eso hizo que nos animáramos a editar la colección'. 'Queremos artistas', se muestra rotundo Pérez, 'que permanezcan. El problema del jazz es que los músicos van de un lado a otro y es difícil mantener los grupos que forman'.

Lo que ambos tienen claro es la mecánica de la colección. 'Los artistas escogidos', dicen, 'tocan toda una semana con público. Grabamos los conciertos del jueves, viernes y sábado, y luego escogemos lo mejor'.

La del Central no es la única iniciativa discográfica animada por un bar de la capital. No hay que remontarse al recopilatorio que a finales de los ochenta, Recuerdos del Rockola, plasmó la movida madrileña con los grupos que habían pasado por el mítico local de la calle del Padre Xifré, ni al que unió una noche del comienzo de esa misma década a Sabina, Javier Krahe y Alberto Pérez en La Mandrágora de la Cava Baja.

Siroco, el club de la calle de San Dimas, creó hace tres años un sello discográfico -que ya no existe- para editar, entre otros, los discos de los mostoleños Sobrinus. Caracol, ahora cerrada, editó los discos Africanos en Madrid y Sur, SA, y La Boca del Lobo, en la calle de Echegaray, tiene un recopilatorio con las sesiones que ha ofrecido en sus cuatro años de vida.

La sala Suristán ha creado Suristán Música para editar discos con el espíritu de su programación multicultural habitual. Bizeti, de los Afrika Lisanga, es lo primero que han puesto en el mercado.

Más locales

El Flamingo, en la calle de La Palma, lugar mítico entre el rockerío castizo e internacional, vive ahora momentos de zozobra por un asunto con el Ayuntamiento. Para luchar contra su amenaza de cierre acaba de editar Flamingo all stars, recopilatorio que se abre con una versión de los Gigoló Aunts de La chica de ayer, de Nacha Pop, que también mencionaba a otro bar célebre de los años de la movida, El Penta.

En las últimas semanas se ha hecho famoso un disco con el nombre de Orquesta Nacional de Malasaña. No se vende, pero está editado como si se comercializara. Refleja una noche en El Mago, otro antro de la calle de Velarde, muy dado al flamenqueo y a la guasa: Juan Verdú o El Pollito de California desparraman a mayor gloria de los locales de música en directo que sobreviven contra las trabas administrativas posibles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de julio de 2001