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FÚTBOL | Semifinales de la Copa del Rey

El Frente rompe al Atlético

Los 'ultras' sacan a los rojiblancos del partido y Cantarero los remata con la inexplicable sustitución de Fernando Torres

El Frente perdió el partido. No es que el Atlético estuviera para merendarse al Zaragoza, pero tampoco estaba sufriendo hasta que apareció el grupo radical a montar su numerito. Al contrario, tenía la pelota y, de vez en cuando, sin excesos, le enviaba un aviso a Lainez. Sucedió durante veinte minutos, con el estadio vacío por la mitad, pero entregado. Los gritos de Atleti, Atleti sonaban fuertes y compensaban el silencio del trozo ultra de la hinchada, que había decidido dejar sobre sus butacas un enorme crespón negro y unas cuantas pancartas del peor gusto, y prohibir la presencia de miembro alguno de su peña durante los primeros compases en señal de protesta por el ascenso frustado. Al resto de la afición, más numeroso, que también se viste de rojiblanco, y se pinta, y compra bufandas, y anima, no le gustaba la posición ultra. Y la contestó vaciándose primero en favor del equipo, y recriminando sonora y severamente al Frente cuando éste, cumplidos los primeros 20 minutos, decidió entrar al anfiteatro armado de petardos y pelotas de goma para lanzar al césped. El estúpido montaje de los matones duró cinco minutos de juego interrumpido, los suficientes para sacar al Atlético del partido y entregarle en bandeja la victoria al Zaragoza.

Porque al minuto de que el árbitro considerase pasado el peligro y reanudase la batalla, con los jugadores rojiblancos distraídos, mirando más hacia las gradas que hacia el balón, Yordi apareció solo por el centro con la pelota, decidido a plantarse en un santiamén ante las mismas narices de Toni. A Amaya le dio tiempo de zancadillear a su adversario y ganarse la expulsión. Pero Acuña no perdonó en el lanzamiento de la falta. Y dejó puesto el 0-1.

El Atlético quedó visiblemente tocado. Y su entrenador, el que faltaba por subirse al carro de las decepciones, le sepultó. Al táctico de Cantarero no se le ocurrió otra cosa, asustado por la ausencia de un central, que retirar del campo a Fernando Torres para dar entrada a Wicky. La presencia del suizo se hacía necesaria, pero en la lista de candidatos para abandonar el césped había media docena de nombres antes que el chaval. Lo habrían aceptado de peor humor, seguro, y tal vez eso influyó en la decisión del técnico. Pero el Atlético de hoy no está para quedarse sin el chico de 17 años, que reúne más fútbol y más ilusión que el resto del equipo junto. Y su afición, por muy dividida que pasara la noche, tampoco.

Sin Torres y sin la pelota, que ya fue propiedad del Zaragoza, y en inferioridad, el Atlético alcanzó el descanso con el partido perdido. En la segunda parte, probablemente porque al rival le pareció suficiente y se replegó, y evitó riesgos, los rojiblancos ganaron el dominio, pero permanecieron, ya con el graderío más calmado, con el mismo acento inofensivo. Alguna ocasión aislada de Salva, una cuantas carreras de Aguilera, más presencia general en el terreno enemigo. Poca cosa en todo caso para darle la vuelta al resultado y calmar la eliminatoria. Al contrario, se enredó aún más por culpa de una contra sorpresa que culminó Jamelli.

Esta vez, eso sí, el equipo no tuvo la culpa. Esta derrota hay que adjudicársela al Frente y su desagradable numerito. Los violentos se autoproclamaron los dueños del Atlético y los atléticos les callaron de forma unánime y contundente. Pero ya era tarde. Mientras la afición se dividía, el Zaragoza se había llevado el partido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de junio de 2001