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Editorial:

Informe complaciente

El informe anual del Banco de España ha sido desde hace muchos años una de las piezas básicas para el análisis en profundidad de la economía española, además de una orientación normalmente rigurosa de la dirección que había de adoptar la política económica. Una referencia de la ortodoxia que reflejaba posiciones propias, incluso antes de que se promulgara la Ley de Autonomía, en 1994. La edición de este año es la primera que presenta el nuevo gobernador, Jaime Caruana, y coincide con la emergencia de indicadores económicos expresivos de un deterioro frente al resultado favorable de años anteriores.

Llama la atención en la lectura del discurso de presentación del gobernador la relativa complacencia con que se examinan los desequilibrios de la economía española y el optimismo con que se aborda su porvenir inmediato. El entorno internacional no es tan propicio como estima el banco central, ni nuestros principales desequilibrios, tan incipientes. El diferencial de precios con nuestros socios europeos es una evidencia preocupante desde hace bastante tiempo, y ahora coexiste con una desaceleración económica de la que ya hay suficientes evidencias; así que no cabe explicar ese problema sólo por un estrangulamiento coyuntural, como parece indicar el informe del gobernador, sino, en mayor medida, por deficiencias estructurales. Algunos de los riesgos que presenta el gobernador han dejado de ser simples amenazas para convertirse en ominosas realidades. Es el caso de la ausencia de innovación de nuestra economía y de la escasa incorporación de los avances tecnológicos, base del necesario aumento de la productividad.

Las consideraciones en torno a la actividad del sistema bancario son rigurosas, y correctas las valoraciones del responsable del banco central en relación con la atención que merece la morosidad, especialmente si la desaceleración acaba arraigando también en nuestra economía. Hay, pues, razones más que suficientes para confiar en el buen hacer de la capacidad supervisora del banco. Lástima que, de acuerdo con el contenido de este primer informe del mandato Caruana, ese análisis no profundice igualmente en las limitaciones y deficiencias de la política económica del Gobierno. El traspaso de importantes competencias a Francfort no debería suponer la devaluación de la capacidad de observación y crítica independiente por parte de una de las instituciones más respetadas del país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de junio de 2001