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Reportaje:

Gitanas en el Congreso payo

Nueve mujeres romanís piden a la presidenta del Congreso educación para sus hijos

Ni hombres de respeto ni patriarcas. Quienes se reunieron ayer en el Congreso de los Diputados con su presidenta, Luisa Fernanda Rudi, para pedirle 'ayuda' para 'la educación de sus hijos' fueron nueve mujeres gitanas. Acudieron en representación de las 3.000 mujeres pertenecientes a 17 asociaciones regionales de gitanas de España y eligieron la mediación de Rudi para reclamar esas ayudas porque su presidenta, Pilar Clavería Mendoza, una mujer de pocas palabras, conoce 'desde hace tiempo, de Zaragoza', a la presidenta del Congreso. Durante la etapa en la que Rudi fue alcaldesa de Zaragoza se formó la federación de asociaciones de mujeres gitanas Kamira, que encabeza, como mujer de respeto, Pilar Clavería. Y como alcaldesa 'y como mujer', estas mujeres romanís le pidieron hace dos años que fuera 'madrina' de la federación Kamira. Ayer visitaron a su madrina para pedirle algún regalo de segundo aniversario.

'Queremos ser ciudadanos de pleno derecho, pero sin perder nuestra identidad, bastante más antigua que la española'

Rosalía Vázquez, en representación de la asociación Arborea de mujeres gitanas de Madrid, la más extrovertida de las nueve, tenía muy claro cuáles son sus preferencias: 'Hemos venido a pedir educación para nuestros hijos; queremos que tengan una educación sin guetos, porque lo que se juega es que puedan ser abogados o médicos o políticos en vez de chatarreros'. A la pregunta de si esa educación sin guetos significa que asumen la igualdad entre niños y niñas gitanas, estas mujeres dicen que sí, que lo que más reclaman es ayuda para que sus hijas puedan 'acceder a una carrera'. Y que sus maridos 'no tienen más remedio que aceptar este cambio, porque lo que está en juego es el futuro de los niños'.

Como muestra de que su apuesta por la educación también para las mujeres romás es absolutamente seria, una de las nueve que ayer visitó el Congreso es abogada. Carmen Santiago, la más joven, acudió en representación de la asociación de mujeres gitanas Panyabi de Córdoba. Dice que, como ella, el 1% de la población gitana en España tiene estudios universitarios. No sabe cuál es ese porcentaje sólo entre las mujeres, pero mantiene que va y debe ir en aumento. Carmen Santiago, además vicepresidenta de la federación, asegura que el objetivo de la etnia gitana es 'conseguir ser ciudadanos de pleno derecho pero conservando su identidad cultural, bastante más antigua que la española'. Admite que también entre su gente es necesario un 'cambio cultural', pero lo ve más fácil que lograr el salto entre los payos para 'poner fin a la discriminación' que dice padecen.

Tras media hora de entrevista con la presidenta del Congreso, ésta les pidió que le hagan llegar por escrito las medidas de ayuda que solicitan para, a su vez, trasladarlas a la Administración por los cauces más adecuados. Rudi les recordó que el Congreso, como sede del poder legislativo, no es quien más puede hacer para poner en marcha ayudas a corto plazo. Pero la presidenta de la federación de mujeres gitanas, Pilar Clavería, aseguró estar convencida de haber llamado a la puerta adecuada. 'Le tengo mucho cariño, las dos somos de Zaragoza y cuando era alcaldesa nos ayudó mucho', asegura.

Después de la reunión, las nueve mujeres, acompañadas por dos hombres también gitanos que trabajan como sus secretarios, fueron a ver el hemiciclo y las salas anejas. Buscaron, como todos los que visitan el Congreso, las marcas de los disparos del golpista Tejero y el lugar donde se sienta el presidente del Gobierno. Pero lo que más les gustó, más que el salón de los Pasos Perdidos, más casi que el propio hemiciclo, fue el reloj astronómico que desde hace 150 años marca la hora exacta de 20 ciudades del mundo y que costó, en su día, 6.000 duros de plata.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de junio de 2001