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Reportaje:

Disparos libres de plomo

Los cazadores no podrán usar munición convencional en las zonas húmedas protegidas

CRÓNICA EN VERDE. A partir de octubre los cazadores que acudan a zonas húmedas protegidas no podrán emplear munición que contenga plomo, metal pesado de elevada toxicidad. La medida, que venía siendo reclamada por científicos y ecologistas, ha sido dictada por el Gobierno central en un real decreto. Procedentes de los perdigones que contienen los cartuchos de caza, más de 500 toneladas de plomo son arrojadas cada año al campo andaluz. En algunas zonas la concentración de esta sustancia puede originar serios problemas de contaminación en suelos y aguas, además de provocar el envenenamiento de ciertas especies.

El plomo es uno de los contaminantes más peligrosos. Cualquier emisión o vertido de este metal pesado se considera de alto riesgo por su toxicidad. Sin embargo, en Andalucía se arrojan cada año a la naturaleza unas 500 toneladas de plomo, sin que la Administración pueda hacer nada por evitarlo ya que escapa, en forma de perdigones, de los cartuchos que emplean más de 200.000 cazadores.

Un solo cartucho contiene alrededor de 30 gramos de este metal (200-300 perdigones) y cada cazador realiza una media de 80 disparos al año. Para abatir una pieza se necesitan, por término medio, tres o cuatro disparos, lo que significa que por cada animal muerto se arrojan al campo unos 1.000 perdigones. Estos pequeños objetos de plomo suman al cabo del año en todo el país más de 30.000 millones de unidades. Estas cifras han sido obtenidas por especialistas del Laboratorio de Toxicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, que han llegado, incluso, a cuantificar el volumen total de plomo que a lo largo de los años han recibido los suelos y sedimentos del país como consecuencia de las actividades cinegéticas: entre 200.000 y 250.000 toneladas.

Si estos cálculos se trasladan a Andalucía, el volumen de plomo que se esparce todos los años en bosques, campiñas o zonas húmedas rebasa las 500 toneladas, una cifra preocupante tratándose de un metal altamente tóxico cuyo uso ya se ha limitado, o eliminado, en el caso de las gasolinas, las pinturas o las tuberías para la conducción de agua.

Desde 1990 las asociaciones integradas en Ecologistas en Acción mantenían una campaña reclamando la prohibición de los cartuchos de caza convencionales, al menos en las zonas húmedas, ya que este tipo de ecosistemas, y las aves que los pueblan, son particularmente vulnerables a este metal.

Contaminación

Cuando con el paso del tiempo el plomo se degrada termina por contaminar las aguas y los fangos del sedimento, si es que se ha depositado en humedal, y el suelo y las aguas subterráneas si es que se ha esparcido en tierra firme. Así, se han descrito casos de elevada presencia de este metal en ranas, gusanos de tierra o caracoles que viven en zonas con alta concentración de perdigones. Esta sustancia también puede fijarse en hongos o vegetales, incorporándose a la cadena alimenticia, razón por la que a la demanda de los ecologistas también se había sumado la Asociación Española de Toxicología.

Igualmente grave es el problema derivado de la ingestión de estos fragmentos de plomo, algo frecuente en determinadas especies animales. Algunas aves acuáticas, por ejemplo, confunden los perdigones con piedrecitas y los comen para ayudarse en la digestión de los vegetales que componen su dieta. Este hábito alimenticio explica por qué cada año mueren en España entre 30.000 y 50.000 aves aquejadas de plumbismo (intoxicación de la que es responsable este metal pesado).

Por fin, en el Consejo de Ministros del pasado día 1 se aprobó un Real Decreto que prohíbe el uso de munición que contenga plomo en determinadas zonas húmedas. La medida, que entrará en vigor en octubre, se aplicará inicialmente en aquellos humedales incluidos en el Convenio de Ramsar, que distingue a los enclaves de importancia internacional (35 en todo el país). En la región andaluza se encuentran incluidos en este convenio ocho espacios, que suman más de 50.000 hectáreas: la Albufera de Adra (Almería), las lagunas de Cádiz y las del sur de Córdoba, Doñana (Huelva-Sevilla), los embalses de Malpasillo y Cordobilla (Córdoba), Fuente de Piedra (Málaga) y las salinas del Cabo de Gata (Almería).

La prohibición se puede ampliar a otras zonas húmedas protegidas, por lo que es muy posible que la Consejería de Medio Ambiente también la aplique en aquéllas incluidas en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía, lo que supondría evitar este peculiar vertido de plomo en más de 120.000 hectáreas de la región.

Los fabricantes de cartuchos, con los que se viene negociando desde 1998, hace tiempo que desarrollaron munición alternativa, usando acero, estaño, tungsteno, bismuto o molibdeno. En España ya se comercializa esta munición, aunque su uso no está muy extendido. Los cazadores se resisten a emplearla ya que es más cara y no puede cargarse en cualquier arma.

Comentarios y sugerencias a propósito de Crónica en verde pueden remitirse al e-mail: sandoval@arrakis.es

Perdigones en el estómago

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de junio de 2001

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