El polen dispara la automedicación

El uso indiscriminado de gotas nasales puede hacer crónica una rinitis alérgica

Entre un 10% y un 15% de españoles padece cada año una rinitis alérgica o fiebre del heno debida a la polinización. Al tratarse de un trastorno estacional, con disponibilidad de fármacos que permiten un alivio rápido y que además son baratos y accesibles, ¿para qué ir al médico?, se dice una gran mayoría. Se automedica, igual que contra el dolor de cabeza, los refriados o los problemas de estómago. El problema, subrayan los especialistas, es que tratar sólo los síntomas puede enmascarar a la larga una enfermedad más grave o cronificar lo que era una molestia pasajera.

'Déme un antihistamínico que no provoque sueño', le piden estos días con frecuencia sus clientes a una farmacéutica madrileña'. Estos medicamentos junto con los corticoides tópicos son los más dispensados actualmente. Interrumpen en dos eslabones distintos la cadena inflamatoria que caracteriza a la alergia primaveral y que puede llegar a ser invalidante para muchos de los afectados.

Lo que no se sabe es cuántos de estos pacientes con síntomas estacionales de picores de nariz, garganta y ojos pueden desarrollar con el tiempo una enfermedad alérgica más grave. 'No tenemos todavía una herramienta diagnóstica que nos permita predecir qué rinitis puede terminar siendo un asma', advierte la alergóloga Carmen Moreno, del hospital Universitario de Córdoba.

La automedicación lleva a administraciones incorrectas, desconocimiento de los posibles efectos secundarios y cronificación del problema en algunos casos, insisten los especialistas. 'Debe hacerse un estudio etiológico de la rinitis siempre', recalca Moreno. 'Porque habrá quienes requieran un tratamiento prolongado y quienes no'. Su consejo es, en primer lugar, ponerse en manos del médico de cabecera y acudir al especialista si fuera necesario.

Todavía es frecuente en España recurrir a un tipo de gotas nasales -de efecto únicamente vasoconstrictor- para aliviar la congestión alérgica de la nariz. La mayoría se dispensa sin receta, a diferencia de lo que ocurre en Francia o en el Reino Unido. Y, si bien alivian rápidamente, usados de forma abusiva tienen unos efectos de rebote que muy frecuentemente llegan a alterar la mucosa nasal cronificando la dolencia. 'Se usan a demanda, sin conocer bien las pautas de administración. Y el problema es que crean tolerancia, lo que hace que el paciente necesite cada vez más dosis para provocar el efecto deseado. Se puede decir que se comportan como las drogas. En Estados Unidos hay asociaciones de afectados por los sprays nasales como si se tratara de alcohólicos anónimos', cuenta la alergóloga. Estos productos se usan todo el año, aunque las farmacias aseguran que decrece lentamente la demanda.

El paciente alérgico se automedica en parte debido al perfil específico de su dolencia, pero también empujado por una creciente publicidad de los medicamentos indicados. Un reciente informe revela que, en Estados Unidos, 3 de los 10 fármacos más anunciados son antialérgicos. En este país el gasto en publicidad directa de estos medicamenos creció un 38% en un año.

El mayor estudio epidemiológico elaborado hasta ahora en España por la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica mostró que el 76% de los pacientes que llegaban al alergólogo ya estaban medicados, la mayoría con antihistamínicos. Los pólenes resultaron ser la causa del 51,8% de los casos de rinoconjuntivitis y del 30,2% de los casos de asma bronquial. Se trata de dos patologías que crecen en todo el mundo industrializado como tributo a los avances contra las enfermedades infecciosas. El sistema inmunológico se resiste a estar ocioso, predican las teorías más modernas sobre la plaga alérgica. Como un botón de muestra, la revista médica British Medical Journal reveló el año pasado que en el Reino Unido las rinitis y el asma se triplicaron en 20 años. El gasto en combatirlas probablemente se haya multiplicado aún más.

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