Reportaje:DE VALDESOTOS A TORTUERO | EXCURSIONES

A dos pasos del olvido

Puentes medievales sorprenden al paseante por estas recónditas aldeas del alto Jarama, en Guadalajara

Valdesotos y Tortuero son dos villorrios de 44 y 43 almas, respectivamente, que están olvidados del siglo en sendos barrancos laterales del valle del Jarama, aguas abajo del embalse del Vado. Sobre el mapa, y tirando de regla, distan ocho kilómetros justos de la raya nororiental madrileña. Pero sobre el terreno, asaz quebrado, esa legua y media se decuplica por efecto de la ley de la relatividad de las carreteras guadalajareñas y el viajero acaba teniendo la sensación -todo es relativo- de que el mundo se ha hecho viejo esperándolo. De hecho, ambos pueblos tienen la vieja particularidad, entre otras que ya se dirán, de poseer cada uno en su término un puente medieval.

El de Valdesotos podemos verlo, casi sin apearnos del coche, 200 metros después de cruzar el Jarama por la carretera que viene de Puebla de Valles. Es de dorada roca caliza, y se apoya sobre un arco central de medio punto con dos más chiquitines peraltados a cada flanco. Su rasante empedrada mide 30 metros y está guardada por pretiles que divergen cual bocina en los extremos. Y estupefacta por su perfecto estado, pues carece de todo uso -y, por ende, de mantenimiento-, si no es el de recordarnos las idas y venidas del arcipreste de Hita o las de los monjes del cercano monasterio de Bonaval, cuyos restos estupefactan por todo lo contrario.

El puente de Valdesotos podemos verlo, sin apearnos del coche, 200 metros después de cruzar el Jarama

Un kilómetro más adelante, casi a las puertas de Valdesotos, la carretera salva el arroyo del Palancar -afluente del Jarama- por un puente modestísimo, de cuatro metros de luz y tablero de hormigón, pero que tiene su historia y su mérito. Data de 1968, cuando aquí no había electricidad, ni agua corriente, ni carretera, ni más remedio que vadear este rabión a lo Tarzán. La Diputación de Guadalajara puso 100.000 pesetas, la décima parte de su coste real. Y si finalmente se hizo fue gracias al ingenio del ingeniero -redundancia, en este caso, más que válida- Manuel Mateos de Vicente, que por esto es hijo adoptivo del pueblo y tiene calle dedicada.

Ya en Valdesotos, aparcamos a la sombra de sus nogales centenarios, algunos de los cuales tienen las ramas apuntaladas para evitar que se tronchen, y nos echamos a andar calle arriba en busca del camino a Tortuero. Teóricamente, se trata del sendero GR-10, pero las señales de pintura roja y blanca deslumbran por su ausencia. Aun así, no tiene pérdida: es la senda negruzca -como los cerros de pizarra que ciñen el pueblo- que sale a nuestra izquierda nada más pasar por encima de la iglesia, y que bordea la casa situada a más altura para trepar por un barranquito que habitualmente no cata el agua, pero que en época de lluvias se desquita con alguna cascada.

La subida es empinada aunque breve, y enseguida bajamos por la vertiente contraria del monte, avanzando a través del jaral con tendencia hacia la derecha, hacia un vallejo cultivado. Una vez allí, atravesamos un sembrado y cogemos a la diestra por un ancho camino que nos lleva sin extravío posible, tras casi una hora de marcha, a Tortuero. Y cuál no es nuestra sorpresa cuando, para entrar en la aldea, nos vemos obligados a cruzar el arroyo Concha -tributario también del Jarama- por un coqueto puente en lomo de asno, cuyo picudo arco ha sido socalzado con un grueso pilar de mampostería: una ñapa medieval que, lejos de restar, le añade encanto.

La vuelta la hacemos por el mismo camino ancho, pero, para variar, no cortamos por el sembrado, sino que continuamos por aquél todo seguido para, después de cruzar la alargada loma que se alza a nuestra derecha, caer por el encinar de la ladera contraria a una carretera de servicio del Canal de Isabel II. A mano izquierda, esta vía asfaltada nos conduce en grato paseo llano hasta un mirador asomado a la esplendente alameda donde desagua el arroyo del Palancar en el río Jarama. Y luego, en franco descenso, zigzagueando bajo las colosales tuberías del canal del Alto Jarama, hasta la carretera de Valdesotos, a un kilómetro y pico del pueblo.

Puente medieval de Tortuero
Puente medieval de TortueroA.C.

Por el sendero GR-10

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 12 de abril de 2001.

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