Un error catastrófico
La historia no será benévola con George Bush. Es difícil exagerar la significación de su rechazo al Tratado de Kioto. No es simplemente que el presidente estadounidense piense que su nación no puede asumir los solemnes compromisos sobre el calentamiento global que firmó hace tres años y medio. Esto le tiene sin cuidado.
Los gestos simbólicos que Bush hizo durante la campaña electoral hacia algún tipo de reducción de las emisiones de dióxido de carbono han resultado ser una cínica estratagema para estar a tono con las credenciales verdes de Al Gore. Ahora Bush se nos ha revelado como un perfecto escéptico al decir que está 'inequívocamente' en contra del acuerdo de Kyoto.
A comienzos de este año, el Panel Internacional para el Cambio Climático (IPCC) informó de que (...) sus descubrimientos eran, en una palabra, 'inequívocos': hay un calentamiento en el clima del planeta y la quema de carburantes fósiles es la casi segura culpable (...)
Aun en el mejor de los casos, las predicciones son catastróficas. (...). Y no se necesita ser científico para comprender que si lo predecible es malo, los efectos impredecibles (...) pueden ser mucho peores. Hasta el político más testarudo e ignorante favorable a las petroleras querría minimizar el riesgo a las futuras generaciones intentando, prudentemente, contener el apetito de la nación más hambrienta de energía del mundo.
Pero no Bush. El supuesto 'liderazgo del mundo libre' está en manos de un hombre determinado a que la mayor de las miserias visite a las generaciones venideras.
Londres, 30 de marzo


























































