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Tribuna:

Un maestro

El ejercicio de curso que Ignasi de Solà-Morales nos asignó era un proyecto muy peculiar, una escenografía de ópera para un teatro concreto: La flauta mágica para el Teatro Municipal de Girona. Éste fue el primer trabajo que realizamos conjuntamente, nosotros como discípulos y él dirigiéndonos, como maestro. Después de aquel curso nos integramos en su estudio para aprender el oficio de arquitecto.

Era el curso 1984-1985, Solà-Morales era nuestro profesor en la Escuela de Arquitectura de Barcelona en una asignatura especializada sobre teatros. Era uno de esos profesores que trataba de usted a los alumnos y siempre nos recordaba la responsabilidad en nuestra futura profesión. Nos hacía ver cuántas veces a lo largo de la historia los estudios más brillantes de un problema arquitectónico habían surgido de un ejercicio profesional concreto. Nos explicaba la evolución de las tipologías arquitectónicas en general y la de los teatros en concreto. Sobre esto nos hacía ser realistas y nos traía a clase especialistas en maquinaria escénica, expertos en seguridad, iluminación y escenografía. En 1988, cuando ya habíamos abierto nuestro propio estudio profesional, nos propuso asociarnos con él para realizar el entonces llamado proyecto de ampliación y reforma del Liceo. Desde ese momento, nuestra relación profesional fue intensa y a la admiración unimos la amistad.

Éramos colegas, pero no dejó de ser nuestro maestro. De la misma manera que como profesor nunca olvidaba el ejercicio concreto de la arquitectura, su profesionalidad siempre le llevaba a estudiar las tipologías arquitectónicas sobre las que teníamos que trabajar, la historia del edificio en el que íbamos a trabajar y la relación de éste con el entorno ciudadano. De su mano conocimos los teatros de ópera de Europa.

Durante todo el proceso del proyecto y la obra de reconstrucción del Liceo demostró un enorme rigor a la hora de jerarquizar los problemas y abordarlos sin olvidar nunca la globalidad. A partir de ahí nos embarcamos en otros proyectos conjuntos de reformas de otros teatros. Se tomaba los concursos como estudio y siempre nos decía que tanto si los ganábamos como si no el trabajo habría sido un ejercicio interesante.

El próximo mes de diciembre se inaugurará la reforma del teatro de la localidad barcelonesa de Vilassar de Dalt, nuestra última obra en común. Ignasi de Solà-Morales nos ha dejado súbitamente. Acabar esta obra será para nosotros una manera de prolongar una relación de maestro y de amigo.

Lluís Dilmé y Xavier Fabré son arquitectos y socios de Ignasi de Solà-Morales en la reconstrucción del Liceo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de marzo de 2001