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Muere al sufrir un golpe en la tráquea en una batalla entre bandas juveniles

Una pelea entre pandillas juveniles se cobró ayer una nueva víctima en la calle de Gomeznarro, en el barrio de Canillas, distrito de Hortaleza. Un joven de 22 años, Jaime M. C., de Manoteras, perdió la vida a manos de una banda rival del poblado de Canillas, tras recibir en la garganta un golpe asestado con un bate de béisbol y una puñalada a la altura de los riñones, según fuentes policiales. El fallecido tenía un antecedente policial por delito contra la propiedad.

El cadáver quedó tendido en el suelo, mientras sus amigos trataban de taponar la sangre que le manaba por la tráquea. El Samur tampoco pudo hacer nada.

La pelea no fue fortuita. Jaime y sus amigos -alrededor de una treintena- salieron de su barrio de Manoteras y llegaron al de Canillas dispuestos a pegarse con la banda rival, debido a una pelea que tenían pendiente desde el día anterior. La banda del poblado de Canillas esperaba a sus rivales en el bar El Trébol, donde suelen reunirse.

Los chicos de Manoteras aseguraban que los contrarios no repararon en medios y, además de bates de béisbol, barras de hierro, tubos de escape y navajas, también llevaban un perro de ataque. Pese a lo ocurrido ayer, los vecinos de la calle de Gomeznarro califican a su barrio de tranquilo.

Todos sabían que iba a haber una batalla pronto. La rivalidad es vieja, y las pandillas de Canillas están enfrentadas desde hace tiempo con las de Manoteras y la UVA de Hortaleza. Pero en esta ocasión, el desenlace ha sido la muerte de Jaime.

La pelea tumultuaria se empezó a fraguar el pasado viernes, cuando hubo un enfrentamiento entre las dos bandas en una gasolinera cercana, donde los jóvenes de Canillas agredieron a un chico de Manoteras. Como consecuencia de aquello, cinco coches llenos de chavales de entre 20 y 25 años de Manoteras llegaron sobre las 17.30 de ayer a Canillas pidiendo venganza, según declararon algunos testigos.

Pero no todo salió como habían planeado y en una pelea que, según declaraciones de los de Manoteras, que horas después permanecían en el barrio hostil de Canillas, se debió saldar como otras veces -'con unos puñetazos'-, pero salieron a relucir los palos y las navajas, e incluso un perro de presa.

Uno de los chicos de Manoteras declaraba, tras el fatal desenlace de la reyerta, que ellos no podían imaginar este recibimiento, a la vez que asegura que los de su pandilla sólo iban provistos de protectores de boca para defenderse de puñetazos y patadas.

Huida de los homicidas

Los homicidas escaparon inmediatamente del lugar de los hechos -su propio territorio-, mientras que los amigos de Jaime permanecían, muy afectados, junto al cadáver. Éstos aseguraron a la policía que pueden identificar al autor de la muerte de Jaime. Ahora es el Grupo de Homicidios el encargado de la investigación y de detener al culpable.

Los vecinos de Canillas manifestaban su miedo a lo que podría pasar en el momento en el que la policía se retirara anoche del barrio, ya que los jóvenes de Manoteras no parecían dispuestos a volver a sus casas.

El tono amenazante de las manifestaciones de algunos de los miembros de la pandilla visitante de Manoteras tampoco pasó inadvertido a la policía, que decidió mantener en la zona un grupo de antidisturbios hasta que se calmen los ánimos. Esta medida parecía acertada, ya que la opinión de la mayoría de los amigos del fallecido Jaime se sintetizaba en la frase de uno de ellos: 'Hay que darles lo mismo que nos han dado a nosotros'.

La policía, alertada por la llamada de un vecino al 091, llegó a la calle de Gomeznarro cuando ya habían sucedido los hechos. Según un portavoz del Samur, sus facultativos apreciaron en la víctima una rotura de tráquea debida a un golpe contundente. Por eso le practicaron un traqueotomía, en un intento de que superara la parada cardiorrespiratoria en que se encontraba. Fuentes policiales indican que Jaime, además, presentaba una herida por arma blanca a la altura de los riñones.

Además del fallecido, hubo otros dos heridos leves, que se encuentran hospitalizados en el Ramón y Cajal, detenidos bajo custodia policial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de marzo de 2001