Reportaje:INVERSIÓN

El síntoma de un euro débil

La economía no es una ciencia exacta y existen muchos factores que vienen a alterar las predicciones teóricamente más cabales. Esta semana ha sido el inesperado -aunque reiterado- ataque de Estados Unidos contra Irak, un factor que ha distorsionado los mercados, no el único, pero sí un elemento añadido. Como consecuencia de ello, en todo caso, el petróleo ha vuelto a subir de precio; no es cuestión de que nos encontremos con un corte de suministros por parte del Gobierno de Bagdad. Y sin olvidar la dificil situación del conflicto entre Israel y los palestinos, que también puede incidir negativamente en el mercado del crudo. Ya se verá en la próxima reunión de la OPEP (el próximo 16 de marzo en Viena), y ello a pesar de que la Agencia Internacional de la Energía ha rebajado las previsiones de demanda de petróleo para este año.

El ataque contra Irak vuelve a inestabilizar el mercado del petróleo e introduce nuevas incertidumbres

Otros factores eran algo más previsibles, pero no demasiado. Los precios mayoristas de Estados Unidos se han elevado un 1,1% en enero, la mayor subida en los últimos 10 años. Los analistas explican que se debe al aumento del precio del combustible para las calefacciones -especialmente en un crudo invierno-, pero los economistas hacen otra lectura: la Reserva Federal puede retrasar o suavizar el esperado calendario de recortes de tipos de interés. Por otra parte, la producción industrial norteamericana descendió un 0,3% en el primer mes del año, por debajo de las expectativas. Todavía otra cifra que sumar al incierto panorama americano: la construcción de casas nuevas se elevó un 5%, alcanzando un total anual de 1,65 millones de viviendas, la tasa más alta de los últimos nueve meses.

No son datos que permitan trazar un claro sendero para las intenciones de Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, quien había venido a reiterar ante el Senado que su mayor preocupación era el excesivo enfriamiento de la economía, lo que da pie a esperar nuevas rebajas de tipos de interés. Los últimos datos pueden ser coyunturales, pero los mercados viven demasiado al día y cualquier elemento inesperado, y no especialmente positivo, cotiza a la baja.

Y parece que ese aterrizaje económico continúa. En enero, la tasa de desempleo en Estados Unidos subió otras dos décimas, del 4% al 4,2%. Pero también estas cifras permiten distintas interpretaciones. La industria ha perdido 250.000 puestos de trabajo entre junio y diciembre del año pasado, pero a nivel global el número de empleos aumentó en 268.000, de los que 145.000 se deben al sector de la construcción.

Esta indefinición de la coyuntura americana debe ayudar al euro, que a principios de semana caía a 0,91 dólares. Y no sólo eso. El nuevo secretario del Tesoro, Paul O'Neill, afirma en una entrevista con un diario alemán que Washington no iba a emprender una política para mantener un dólar fuerte. El veterano empresario defiende la idea de que una divisa es fuerte si representa a una economía fuerte y que, en definitiva, la mejor cotización que puede encontrar una divisa es la que marcan los tableros de cotización de los mercados. Y los mercados llegaron a la conclusión que el Gobierno de Bush prefiere contar con un dólar más barato para impulsar las exportaciones ante el esperado debilitamiento de la demanda interna y para dificultar las importaciones.

Podría ser un alivio para el euro, aupado además por los buenos datos de crecimiento en la eurozona (Italia) o por las mejores expectativas (Francia). Muchos analistas siguen considerando que el enfriamiento americano no afectará sustancialmente a Europa. Ya se verá. El caso es que el instituto DIW, uno de los seis grandes coyunturalistas de Alemania, esta misma semana ha pedido públicamente al Banco Central Europeo que rebaje medio punto los tipos de interés. Una posibilidad que no parece estar en el pensamiento de Wim Duisenberg o en el del resto del consejo del BCE.

Pero la insistente debilidad de la moneda única europea es todo un síntoma que responde a la desconfianza de los operadores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 17 de febrero de 2001.

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