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Entrevista:Robert Redford | Actor y director

'Nunca me he dejado engañar por la fama'

Nueva York
El director norteamericano Sydney Pollack dijo de él que se había pasado la vida interpretándose a sí mismo. Y es cierto. Robert Redford, de 63 años, tiene en la realidad el mismo aire que en sus películas. El actor estrena ahora 'La leyenda de Bagger Vance' -en España, el próximo viernes-, su sexto largometraje como director, una fábula sobre redención, héroes caídos y nostalgias de tiempos perdidos, situada en los campos de golf.

Robert Redford ha conseguido sobrevivir a su imagen de sex symbol sin traicionarse demasiado ni venderse del todo a Hollywood, del que es, sin embargo, uno de sus ejemplos más brillantes. 'Todas las películas que hago tienen un elemento personal; de lo contrario no las haría. La primera vez que dirigí, con Gente corriente (en 1980, por la que obtuvo el Oscar el mejor director), la gente me preguntaba si era algo autobiográfico. No lo era, pero era algo que había visto porque crecí en un ambiente en el que la gente ponía mucho énfasis en las apariencias. Ilustré la frustración de mi infancia en California'. En una habitación de hotel de Nueva York, Redford lleva sus eternos vaqueros, gafas y mirada azul pálida, algo cansada.

'La elegancia es algo muy importante para mí. Tiene un sentido muy profundo. Ni siquiera tenemos líderes con elegancia. Parece más comercial enfadarse'

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A estas alturas, tras casi 40 años de carrera, se puede centrar en lo que le interesa, sin tener que hacer concesiones, un equilibrio que no ha sido del todo fácil mantener. Hace 20 años, el actor creó el Sundance Institute, para ayudar a los jóvenes cineastas, un centro que ahora se ha convertido, a través de su festival, en una de las principales plataformas del cine independiente en Estados Unidos. Pero Redford también ha protagonizado dudosos productos made in Hollywood, como aquella Proposición indecente con Demi Moore o el lacrimógeno drama periodístico con Michelle Pfeiffer Íntimo y personal.

En Bagger Vance, la historia de un joven prodigio del golf que pierde su swing y su interés por la vida al volver de la Primera Guerra Mundial, Redford ha intentado sumar estas dos vertientes de su carrera, en una película que recuerda mucho otra que protagonizó sobre el béisbol, El mejor. Cuentos mágicos en los que el héroe siempre está buscando algo. 'Me interesa mucho contar historias, por eso me gusta la mitología y siempre hay un ingrediente de pérdida. No voy a decir que estoy obsesionado con ello, pero me interesa mucho ¿Qué perdemos cuando vamos avanzando en la vida y qué ganamos? Siempre es una victoria pírrica. En muchas de mis películas, el personaje parece alcanzar lo que realmente quiere sólo para preguntarse cuál es exactamente su significado'.

No siempre ha sido obvio ser un golden boy con inquietudes. A un sex symbol no le dan papeles serios. 'He tenido que luchar contra esa imagen. No podía hablar de ello ni quejarme porque también tiene cosas buenas. Pero no era fácil a la hora de trabajar porque sólo se veía lo otro. Creo que hay bastante variedad en mi trabajo para mostrar que no sólo era mi aspecto físico. He tenido algunas conversaciones sobre eso con Brad Pitt y Matt Damon'. Redford los ha dirigido a los dos. El primero protagonizó El río de la vida, y el segundo es el personaje principal de Bagger Vance.

Redford asegura que sus jóvenes colegas lo tienen ahora mucho más complicado para vivir su estrellato y mantener un mínimo de cordura, independencia y vida personal, algo que el actor ha conseguido. Apenas se sabe nada de su vida privada, sólo que tiene tres hijos que ya le han hecho abuelo y que en 1985 se divorció de su única mujer, Lola van Wagenen, tras algo más de 25 años de matrimonio.

'Más vale encontrar una buena alternativa a la fama. Tener un sitio caliente para quedarse, porque es muy superficial y pasajera. Va y viene muy deprisa. Nuestros centros de interés se vuelven cada vez más rápidos y nuestra capacidad de pensamiento también, como resultado de la era de la información. La fama es un producto de esto, porque la gente no tiene mucho tiempo de pensar y pide que le den una imagen que les guste por unos minutos, así que se convierte en algo muy cosmético. Nunca me dejé engañar por la fama, por eso he podido sobrevivir'.

Una supervivencia que, sin embargo, le ha dejado nostálgico de otros tiempos, otros valores, algo que se ve especialmente en Bagger Vance. Quizás también por ello el actor haya defendido con tanto ardor todo lo relacionado con el medio ambiente. El tema es conservar algo. Reconoce que echa sobre todo de menos una palabra: elegancia. 'Es algo muy importante para mí. Tiene un sentido muy profundo. Ni siquiera tenemos líderes con elegancia. Parece más comercial enfadarse. La elegancia era parte de mi infancia, una cualidad importante de la educación era la forma de encarar las cosas. En algunos casos podía ser Dios. Pero creo que no se piensa mucho en eso. Además, ahora han sustituido a Dios por las celebridades'.

Redford ha contado en muchas ocasiones que no tiene miedo a envejecer, sino a dejar de hacer las cosas de las que todavía sigue disfrutando, sobre todo el deporte. 'Me gusta el deporte y ahora me estoy acercando a la edad en la que no podré practicarlo. Me gusta esquiar, caballos, vela, es divertido, y cuando lo pierda va a ser triste'. Éste es uno de los poco actores que, igual que su viejo amigo Paul Newman, se ha negado a pasar por el bisturí.

De condensar sus carrera en un par de largometrajes, Redford se quedaría con algunas de las más conocidas, las que ayudaron a crear su estrellato sin perder del todo su alma. 'Dos hombres y un destino era la mas divertida y tambien la que muestra mi parte más oscura. La mayor satisfacción fue Todos los hombres del presidente, porque todo el mundo nos dijo que no podríamos hacerla y que a nadie le interesaba el Watergate. No era una película sobre Nixon, sino sobre periodismo de investigación. Fue una película muy difícil, había una auténtica paranoia, pero yo la produje'.

Producir y dirigir se han convertido en las dos principales actividades de Redford, aunque acaba de volver delante de las cámaras en una historia de espías, The spy game, con su antiguo protegido Brad Pitt. Bagger Vance es su sexto intento como director. Ninguno de sus largometrajes, excepto Gente corriente, ha tenido el éxito de sus películas como protagonista.

El toque zen lo da el actor Will Smith (más acostumbrado a cazar lagartos extrarrestres en películas como Hombres de negro o El Día de la Independencia), que encarna a Bagger Vance, que es, más que un caddy, un ángel de la guarda que imparte consejos excesivamente sabios sobre la vida, la muerte y el destino al jugador Matt Damon. 'Nunca he tenido un guía espiritual. En tiempos modernos sería terapia o píldoras, pero he tenido profesores o gente que me han ayudado en un momento dado, que me dieron un empuje; pero nunca he tenido a alguien que me ayudara del todo cuando me hundí en la oscuridad o me desmoroné'.

Bagger Vance no ha sido muy bien recibida ni por el público ni por la crítica en Estados Unidos. El actor-director asegura que a estas alturas ya no se lo toma de forma personal. Sin embargo afirma: 'Me afecta más cuando es una película que dirijo porque he tardado más tiempo en hacerlo. Recuerdo en particular una película que obtuvo una mala acogida, pero que a mí me gustó mucho como actor, Habana. Me gustó el papel, pero de pronto la gente se obsesionó con mi aspecto y si parecía viejo. Me decepcionó porque mi interpretación era mejor, se suponía que debía tener mal aspecto. Cuando me di cuenta de eso, no pensé más en críticas. Ahora sólo intento hacer mi trabajo lo mejor que puedo esperando que alguien lo entienda. No puedo controlar el resto'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de febrero de 2001