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Reportaje:

Las momias catalanas

Un equipo de científicos rastrea y documenta 10 momias egipcias en Cataluña, Baleares y Perpiñán

En toda Cataluña -con el añadido de Baleares y Perpiñán- y a expensas de las que pueda ocultar algún particular en el armario, residen un total de 10 momias egipcias; de ellas, tres sólo conservan la cabeza y otra se ha perdido por Barcelona. Esta es la conclusión a la que ha llegado, tras 25 años de investigación, un equipo de científicos catalanes que la semana próxima publicará los resultados de su apasionante y pormenorizado estudio en la revista Nilus, de la Sociedad Catalana de Egiptología. Los estudiosos han rastreado y localizado las momias, revisado su documentación, radiografiado los cuerpos, leído y descifrado las inscripciones de los sarcófagos y vendas, e incluso, pensarán algunos, afrontado sus posibles maldiciones faraónicas. Gracias a los esforzados investigadores, que también desenmascararon una momia falsa (la del Museo Darder de Banyoles -un simple esqueleto unido con alambre y vendado-), hoy podemos saber todo lo posible sobre esos 10 cuerpos remotos que la marea de la historia arrebató de sus lejanas tumbas para depositarlos en nuestra tierra. Entre las momias catalanas están la de Nesy, triste niño tebano de quien se dice que vaga de noche por las salas del Museo-Biblioteca Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú como un remedo casero del célebre Belfegor del Louvre; y la de la joven bailarina Nadegaubastisred, de ojos almendrados y boca fina, a la que despiadados saqueadores removieron el esqueleto hasta el punto de que ahora tiene los fémures donde las tibias, y viceversa.

El egiptólogo Josep Padró llega tarde a la cita en el bar Los Reinos. Atraviesa la calle cojeando. En noviembre estuvo en Oxirrinco, excavando. Y no se mató de milagro cuando, al ir de excursión al oasis de Bahariya -el del reciente descubrimiento de miles de momias-, el vehículo en el que viajaba se desplomó por una duna. Por eso cojea. Y vierte rebuscadas maldiciones contra el patoso conductor egipcio. Luego explica que un francés que excavaba en El Amarna ha tenido un accidente gravísimo en taxi cerca del yacimiento, así que, visto el estado de la conducción en el país del Nilo, para qué va uno a preocuparse del terrorismo islámico. En fin, las momias catalanas. Padró saca un folio y lo extiende sobre la mesa mirando con recelo a derecha e izquierda como si estuviera suministrando a Indiana Jones el prohibido Libro de Tot. 'Aquí están los nombres'.

La investigación empezó en abril de 1972, cuando Eduard Porta y Josep Maria Xarrié iniciaron un programa de análisis por rayos X de las momias de los museos catalanes y comenzaron por la del Museo Episcopal de Vic. Poco después se les añadió en su condición de egiptólogo Llorenç Baqués, y juntos analizaron la momia del Museo Balaguer y la del Museo Bíblico del Seminario Diocesano de Palma de Mallorca. El propio Padró se sumó al equipo en 1974 aportando la noticia de una momia nueva, ésta una vecina del Rosellón conservada en el Museo de Historia Natural de Perpiñán. El trabajo del equipo continuó con la momia de Montserrat. En 1980, Baqués falleció inesperadamente. Fue un mazazo para el grupo de cazadores de momias, pero se juramentaron para acabar la misión. En 1986, se sumó a los estudiosos el paleopatólogo Domènec Campillo, que se encargó de radiografiar las dos cabezas de momia del Museo Balaguer. Hasta el año pasado, la investigación no recibió el empujón definitivo: entonces Padró comenzó a poner a punto el trabajo para su publicación.

En total, 'tenemos 10 momias', enumera Padró; 'hay una perdida por Barcelona, 3 cabezas y 6 enteras. Tengo noticia de otras dos cabezas en el Instituto Barraquer, pero no se exponen al público y no las hemos añadido. Sabemos también de la existencia de otros restos humanos del antiguo Egipto -como una mano momificada en el Museo Balaguer-, que tampoco hemos incluido por su condición fragmentaria'. La investigación no ha tenido en cuenta las momias de animales. 'Las 10 del estudio son más momias de las que esperábamos, pero están muy esparcidas. De tenerlas todas juntas, constituirían un conjunto muy importante'.

Por orden de llegada, la momia más antigua es una que se encontraba en la Real Academia de Medicina de Barcelona en 1826. Había sido comprada en las Pirámides por el cónsul de Estados Unidos Andrew Zonclay, que se la llevó luego a Mahón en 1825, donde la regaló a un tal Robert Cutbert, que la trasladó a Barcelona y a su vez se la pasó -un regalo popular, la momia, por lo que se ve- al médico Francesc Piguillem, quien, a su muerte (sospechosamente próxima al regalito), la dejó a la academia. De la momia no se ha vuelto a saber más. En cambio, el sarcófago fue a parar a la Reial Academia de Bones Lletres y luego, reducido a un amasijo de madera -pues parece que se exhibía de pie y se cayó-, al Museo Arqueológico. Se ignora todo del sexo, la altura y la edad de la misteriosa momia perdida, pero es indudable que si alguien la encuentra la reconocerá.

La siguiente momia es la de Perpiñán. Padró explica que la regaló en 1847 Ibrahim Pachá, hijo de Muhammad Alí y virrey de Egipto como su padre, contento tras una cura en Vernet. 'Es la de un escriba del templo de Amón en Tebas, Iuefenkhonsu, muerto a los 40 años. Hemos averiguado que el sarcófago seguramente se lo cedió un colega, Pennesttauy, cuyo nombre figura también en la caja. Iuefenkhonsu debió de morir antes y lo enterraron en el sarcófago preparado para el otro sacerdote, que era más alto, vistas las dimensiones del recipiente. Sabemos que Pennesttauy no lo usó porque en el museo de El Cairo está el que sí ocupó'.

En 1886, llegó a Vilanova i la Geltrú la momia del niño Nesy, cedida por Eduard Toda, pionero catalán de la egiptología. 'Es la única de nuestras momias con leyenda; se dice que ronda por las salas del Museo Balaguer, y nadie se atreve a pasar la noche allí'. El mismo museo posee dos cabezas de momia, también de Toda. Una procede de Saqqara y el propio Toda vio cómo la separaban del cuerpo de un violento golpe de azada. La otra, de más de 3.000 años, se encontró en la tumba de Sennedjem -que excavó Toda en Deir el Medina-, así que debe de ser de un familiar.

La momia más hermosa (!) en tierras catalanas es la del Museo Episcopal de Vic. La joven -20 años- bailarina tebana, una momia de la Dinastía XXII (hacia el 800 antes de Cristo) donada en 1897 y dotada de un sarcófago de madera maravillosamente pintado y de cartonaje polícromo igualmente bello. La momia mallorquina del grupo fue adquirida por Leon Levy en 1912, en el Museo de El Cairo. Corresponde a un hombre de unos 30 años llamado Iretenhorru ('El ojo de Horus es beneficioso para ella', en referencia a su madre). La de Montserrat llegó a la santa montaña en 1923; formaba parte de la colección adquirida en Egipto por el padre Bonaventura Ubach, fundador del antiguo Museo del Oriente Bíblico de la abadía. Se trata de la momia de un adulto de periodo ptolemaico (siglo II a. C.) con máscara dorada y cuyo sexo no ha podido ser determinado. Montserrat posee además una cabeza de momia recién llegada a la abadía (1998). Extraída de la necrópolis tebana de Deir El Bahari, la pieza formaba parte de una colección privada catalana. Conserva los ojos y su aspecto es, en palabras de Padró -que suele ser contenido y ha visto mucho mundo-, 'horrible'. El egiptólogo explica que la regaló la mujer del propietario en cuanto murió éste. La lista también incluye la bien conocida momia del empresario Jordi Clos que se exhibe en el Museu Egipci de Barcelona.

¿Siente Padró sensación de peligro por haber molestado el sueño de las momias? 'Pronunciar el nombre de un fallecido, según las creencias del Antiguo Egipto, significa rescatarlo del olvido, que es la verdadera muerte. Hemos vuelto a leer los nombres de las momias y tratado de recuperar su memoria. Sólo pueden estar contentas'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de enero de 2001