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LA OFENSIVA TERRORISTA

ETA coloca dos bombas trampa en la delegación de Defensa en Girona

Una llamada anónima recibida a las 7.45 por los bomberos de Barcelona alertó, en nombre de ETA, de la colocación de un explosivo junto a las dependencias militares de Girona. El comunicante, que se expresó en castellano, aseguró que la bomba estaba junto al edificio del Gobierno Militar, refiriéndose en realidad a la Delegación de Defensa, colindante con el anterior. La llamada anónima precisó que el explosivo se hallaba en la calle de Oriol Martorell, un vial de nueva creación en la zona de expansión urbana que hace unos años ocupaban los cuarteles militares de Girona.

El aviso resultó creíble. Una inspección ocular constató que junto al muro trasero que circunda el edificio de Defensa, en un descampado donde se amontonan materiales de construcción de una obra próxima, aparecían bien visibles dos mochilas sospechosas. Una de ellas estaba abierta y permitía entrever con gran claridad una bombona de cámping gas en su interior. De la otra, cerrada, salían algunos cables.

El equipo de artificieros de los Mossos d'Esquadra, llegado desde Barcelona, procedió a la voladura controlada de las dos mochilas mediante un robot teledirigido. La primera no estalló, pero la segunda provocó una potente deflagración que pudo oírse en toda la ciudad. Unos tres metros de muro volaron por los aires mientras los cristales de la fachada posterior del edificio de Defensa se hacían añicos y las ventanas saltaban de sus marcos a causa de la onda expansiva. La explosión, que levantó una gran nube de polvo y humo, causó una enorme conmoción entre los vecinos y comerciantes que esperaban desde hacía más de dos horas tras los cordones de seguridad policial. También edificios particulares y algunos coches sufrieron daños leves. Los vehículos estacionados en las calles próximas fueron inspeccionados con perros adiestrados en la detección de explosivos.

Demostración de fuerza

Según confirmaron ayer fuentes de la policía autonómica, ambas mochilas contenían bombonas de gas, pero toda la carga explosiva, de unos seis kilos de cloratita, estaba colocada en la que permanecía cerrada. Esto hace suponer que podía tratarse de una bomba trampa destinada a hacer explosión en el momento de la desactivación. Al parecer, el explosivo contenía un detector de movimiento.

Fuentes de la lucha antiterrorista están convencidos de que esta acción terrorista ha sido cometida por los mismos miembros de ETA que han protagonizado los últimos atentados en Cataluña. Uno de los datos que apuntan a esta posibilidad es que los terroristas han alertado de la presencia de las dos mochilas llamando al teléfono 080, el de urgencias de los Bomberos de Barcelona y al que sólo puede accederse desde la misma capital catalana.

Los investigadores no dudan de que la intención de la banda terrorista, 'además de causar daño', es la de dar sensación de mucha movilidad, de tener capacidad operativa para extender el miedo, lo mismo que hacía el comando Andalucía.

El alcalde de Girona, el socialista Joaquim Nadal, lamentó que ETA se traslade de un lugar a otro atentando contra personas que no tienen nada que ver con su conflicto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de enero de 2001

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