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Entrevista:AMIGOS Y VECINOS - JAUME BALAGUERÓ

"Me interesa el lado humano del terror" RAMÓN DE ESPAÑA

Pregunta. Parece que lo de tu nueva película, Darkness, ha empezado muy bien, ¿no?Respuesta. No me puedo quejar. Fuimos a Cannes con un teaser, uno de esos reclamos visuales que preceden no sólo al rodaje, sino a veces a la escritura del guión. Teníamos un título y unas imágenes. Y, ante mi sorpresa, esas imágenes generaron un interés enorme, hasta el punto de que tuve citas con un montón de peces gordos de la industria norteamericana. Al final el filme lo compró Miramax.

P. Realmente, como peces gordos, los hermanos Weinstein son de lo más gordo. Una vez leí en una revista americana que con las migas que se pierden en el jersey de Harvey Weinstein se podría alimentar a una familia del Tercer Mundo durante dos semanas.

R. Me reuní con ellos y su oferta me pareció la más sólida. Distribuirán la película en Norteamérica, aportarán actores interesantes y, probablemente, conseguirán que la inversión no sea un disparate.

P. ¿Tan cara es la película?

R. Unos seis millones de dólares: un presupuesto bajo para Estados Unidos, pero elevado para España. De todas formas, todo está en marcha. Aún no están claros los actores, pero el rodaje comenzará a finales de marzo de 2001.

P. ¿De qué va?

R. Sobre la oscuridad.

P. Eso ya lo había intuido. ¿Puedes ser un poco más preciso?

R. Lo intentaré, pero la verdad es que todo gira en torno al concepto de oscuridad, de la oscuridad no como ausencia de luz, sino como una entidad en sí misma... Todo empezó con la lectura de un artículo en el que se explicaba que los niños, durante su primer año, sienten la oscuridad como una presencia real, como algo que forma parte de su mundo. Es decir, que tardan un año en considerar la oscuridad como mera ausencia de luz. Hasta entonces, para ellos, la oscuridad es casi una materia... Me pareció un concepto interesante en torno al cual se podía construir una historia. Y eso es lo que hice con Fernando de Felipe: fabricar una historia sobre una familia que llega a una casa en la que sucedió algo terrible años atrás, algo en lo que la oscuridad, como entidad aterradora, tuvo mucho que ver... Pero no es un filme de sustos. Va de sentimientos humanos, de lo que hace la gente cuando se enfrenta al horror. La vertiente grand guignol del género, de la que la saga Scream, de Wes Craven, es un claro exponente, no me atrae gran cosa. Lo que me interesa del terror es su lado humano.

P. Pero los críos siguen yendo al cine a pasar miedo.

R. No tengo nada en contra de la faceta lúdica del horror. Todo sentimiento, debidamente controlado, puede llevarnos al placer. Ir a pasar miedo al cine es tan lícito como ir a llorar. La doma de los sentimientos conduce a una catarsis inofensiva y muy agradable... Pero, a mí las películas de sustos no es lo que más me atrae. Me siento más influenciado por directores como Wenders o Kieslowski que por los clásicos del género.

P. Pero el género está en manos de gente como Kevin Williamson y demás fabricantes de sustos para quinceañeros...

R. ¿Tú crees? Yo no tengo esa impresión. Creo que la faceta humana del horror está en clara expansión. Ha llegado hasta a los videojuegos. Yo ahora estoy enganchado a uno que se llama Silent hill. A parte de ser una experiencia interactiva fascinante, explica el drama de un hombre que ha perdido a su esposa a manos del cáncer y que se lleva a su hija a un pueblo del que le han dicho que es muy tranquilo. Una vez allí, se le aparece la difunta, desaparece la cría y el hombre se enfrenta a una pesadilla atroz. Y tú con él. Y es tan importante el miedo que se pasa como el dolor de ese hombre ante la pérdida de sus seres queridos. Me parece muy interesante...

P. Tus cortos tenían un componente desquiciado, enfermo, que no parece tener continuidad en tus largometrajes.

R. Un corto es una tarjeta de presentación. Y cuando nadie te conoce tienes que hacerte notar. Por eso mis cortos, Días sin luz y Alicia, tenían ese componente enfermizo. Pero en realidad yo soy mucho más clásico. Me reconozco más en mis largos.

P. ¿Te cogió por sorpresa el éxito de Los sin nombre?

R. Totalmente. Yo era consciente de haber rodado una primera película digna, pero con limitaciones. Para empezar, presupuestarias. Darkness tendrá un rodaje de 11 semanas. Los sin nombre la rodamos en cinco, y estuvo a punto de no hacerse. Si no llega a entrar Filmax... No levantábamos un duro, los productores a los que recurría no me devolvían las llamadas...

P. La tradicional buena educación de la industria cinematográfica española.

R. Exacto. Y ahora todo el mundo llama. Ahora, que tengo un contrato para varias películas y que Miramax está de mi parte... Pero sí, Los sin nombre tuvo un éxito que me sorprendió agradablemente. Se ha vendido en todo el mundo, ha tenido buenas críticas...

P. El guión tenía un par de caídas ligeramenre graves...

R. Permíteme que le eche la culpa a la falta de dinero. Se rodaba lo justo. Algunas secuencias, una vez rodadas, no se podían montar porque no acababan de explicar bien las cosas. Supongo que había que haber rodado otras que eran demasiado caras. Se hizo lo que se pudo.

P. ¿Pasaste por alguna escuela de cine?

R. Por la de Héctor Fáver, que abandoné cuando pidió a cada alumno un millón de pesetas en vistas a la creación de no sé qué extraña cooperativa que, en realidad, ocultaba su búsqueda de financiación para un largo suyo. Algunos soltaron el kilo... En fin, hay gente para todo... Antes de eso había estudiado Periodismo. Pero la fascinación por el cine venía de la infancia. Mi abuelo materno era muy aficionado y tenía un montón de filmaciones domésticas. Yo me las tragaba todas, aunque los temas fueran tan interesantes como una visita de Franco a Lleida y cosas así... Me gustaría decirte que leía a Lovecraft desde la infancia, pero la verdad es que tardé lo mío en ponerme a leer. Las primeras emociones me llegaron desde una pantalla y supe desde siempre que quería ser director de cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de diciembre de 2000