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Entrevista:

"En el nomenclátor de Madrid se impone ya el sentido común"

Luis Miguel Aparisi Laporta, nacido en Valencia hace 56 años, es conocedor consagrado de la trama urbana de Madrid, de sus calles, sus plazas y, en buena medida, de su historia. Y ello en virtud de su dedicación a una compleja especialidad, la toponimia, de la que apenas quedan en Madrid exponentes. Su libro Proceso evolutivo de la toponimia madrileña, en el que acuña 22.600 topónimos actuales e históricos, le procuró el Premio Villa de Madrid de Investigación Histórica Antonio Maura, en 1997. Tal disciplina, orientada al estudio de las denominaciones de lugares, es un componente elemental de los procesos de urbanización, por su naturaleza descriptiva básica. Pese al carácter técnico-experimental de su formación profesional, ya que fue profesor de Tecnología Electrónica y perteneció a la dirección de Ingeniería de TVE, las investigaciones toponímicas que Aparisi prosigue desde el Instituto de Estudios Madrileños, con nuevas indagaciones, conferencias y seminarios, proporcionan a los estudiosos de Madrid una peana básica para sus conocimientos.Pregunta. ¿De dónde arranca su vocación madrileñista?

Respuesta. Nací en Valencia, pero de niño vine a Madrid con mi familia. Desde entonces, aunque no abdico de la valencianía -¡ya me hubiera gustado a mí estudiar la historia de Valencia!-, mis estudios los desarrollé aquí, donde me casé y han nacido mis cinco hijos.

P. ¿Por qué resulta intrincada la toponimia madrileña?

R. Sobre todo, por la irrupción reiterada de la política en la nomenclatura de la ciudad.

P. ¿A qué se refiere?

R. A la instrumentación política partidista de las denominaciones.

P.¿Cuáles cree que son los hitos políticos más adversos?

R. A grandes rasgos coinciden con los acontecimientos políticos de los años 1931, 1936, 1939 y 1979. Esto es, la República, el origen y el fin de la guerra civil y la llegada de los socialistas al Ayuntamiento de Madrid.

P. ¿Por qué razones los considera adversos?

R. Los acuerdos municipales para tratar o modificar el nomenclátor, la denominación de las vías urbanas, se basaron en las relaciones de fuerzas políticas, no en el sentido común ni en el respeto por la historia.

P. ¿Puede poner algún ejemplo?

R. Sí: en acuerdo muncipal de 7 de mayo de 1937, se acordó suprimir todas las calles referidas al santoral. En 1939, todos los cambios sobrevenidos durante la República fueron revisados...

P. Hoy, ¿cuál es el panorama en las vías de Madrid?

R. Parece que se impone,ya, el sentido común. Desde la última hornada de denominaciones, el 27 de julio, muchos intelectuales y políticos de izquierda figuran en el nomenclátor madrileño sin que el PP haya puesto objeciones. Creo que la concordia es el mejor homenaje que nos podemos dar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de diciembre de 2000

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