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Tribuna:

Puede ser una joya

A los cien días de su elección tal como van las cosas el nuevo secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, puede acabar siendo considerado una joya muy apreciada por sus rivales del Partido Popular. Es cierto que Javier Arenas y algún otro despistado adicional han llegado a confundir la leña al primer partido de la oposición, incorporada de oficio a esas tareas cotidianas, con la agresión personal al líder que están estrenando pero, entre nosotros, deben evitarse desorientaciones. Se impone distinguir las voces de los ecos como recomendaba Mairena. Si se quiere atisbar el diseño de la moda del futuro es preferible frecuentar los talleres de Agatha pero si la cuestión atañe a la política del Gobierno se recomienda escrutar las páginas del diario predilecto de Moncloa, donde todo son deferencias a Zapatero, mientras la pinza y sus anguitas han sido abandonados por su inutilidad en época de mayoría absoluta.Las loas al líder socialista son tan subidas de punto que los recién llegados a la sede de Ferraz exhiben ya en su ingenuidad ese buen trato que les prodiga Jota Pedro como uno de sus primeros logros, como un activo diferencial que nadie pudiera discutirles. Pero los nuevos miembros de la Comisión Ejecutiva Federal antes de encerrarse en el sistema de bombos mutuos y de atribuirse méritos, una actitud que es siempre degenerativa y que propende a la pérdida de entropía, deberían recordar ese principio elemental de la sociología política según el cual las actitudes públicas se configuran de acuerdo a las expectativas. O sea, que a juzgar por el trato que los populares y sus acólitos periodísticos ofrecen a Rodríguez Zapatero podrían deducir que el PP ve en él una valiosa garantía a preservar que les ayudaría a permanecer de modo indefinido en el Gobierno del que ahora disfrutan.

Es decir que, salvadas las distancias temperamentales, las biográficas y todas las demás, Zapatero vendría a ser en este momento para los populares como aquella antigua bendición representada por Fraga para los socialistas a partir del triunfo electoral de octubre de 1982. Qué alegría en Ferraz cuando les dijeron en 1980 que los nuevos estrategas de la derecha estaban hartos de la UCD, proclamaban el fin de las ambigüedades centristas y ambicionaban construir una llamada mayoría natural en torno al imposible de la derecha de los antiguos y caducos privilegios, necesariamente minoritaria en las urnas. Fue entonces cuando se deshicieron en elogios, convencidos de la capacidad destructiva que encerraban. Por eso los que hacen ahora piña en Ferraz, deberían prevenirse y evitar que su encierro bien avenido degenere en piñata, una piñata todo lo orgánica e incorrupta que se quiera pero anclada en el conformismo, en la continuidad de las derrotas actuales y preparatoria para el encaje de otras nuevas. Preocupa que la recuperación surgida del último Congreso Federal haya tenido contagio cero en los Congresos de las Federaciones de Valencia y de Asturias, donde los resultados han sido más de lo mismo, en forma de conflictos internos en condiciones de aflorar al menor pretexto.

En cuanto a Madrid, el Congreso inminente de la FSM se prepara bajo el control de Acosta y otros afines, celosos garantes de la derrota electoral del PSOE. Una derrota de cuyas dulzuras se verían privados en el caso de que los electores optaran por izar los colores socialistas en el balcón del Gobierno de la Comunidad o en el del Ayuntamiento. Porque primero, los titulares de esos cargos institucionales habrían de ser otros ya que ninguno de los acostistas y análogos con cargos orgánicos es capaz de traspasar la batería como se dice en el argot teatral, y segundo, con la victoria sobrevendrían los focos del interés público hacia la FSM y la luz barrería a los actuales beneficiarios de la plácida penumbra donde parasitan tan amablemente. En este estado de cosas la Comisión Ejecutiva Federal opta por el cambio tranquilo, por una elegante abstención, es decir, por la prórroga del desastre, como si nada le fuera en ello, como si las elecciones generales pudieran ganarse con el agujero negro de Madrid. Que Santa Lucía les conserve la vista. Menuda joya puede ser Zapatero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de noviembre de 2000