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Manfredi resucita la gran aventura histórica de Atenas en 'Akropolis'

El autor de 'Aléxandros' prepara una novela sobre el mundo etrusco

No es el jardín de las Hespérides, pero, cuando de detrás de un árbol, entre la niebla, surge la poderosa cabeza de busto clásico de Valerio Massimo Manfredi, la impresión de pisar tierra de leyenda provoca un escalofrío. También porque la tarde es muy desapacible en Piumazzo (cerca de Bolonia), donde el autor del éxito de ventas Aléxandros tiene su casa y donde recibe para hablar de su nuevo libro, un ensayo consagrado a resucitar la Atenas clásica. La obra se titula Akropolis y se publica el lunes en España (Grijalbo). "La mezcla de emoción y documentación crea la impresión de vida", afirma Manfredi.

Manfredi, nacido en esta misma localidad rural en 1944, es un anfitrión atento, y, al cabo de unos minutos, sus huéspedes se hallan junto a la chimenea envueltos en el calor de la conversación del escritor. Un cuasi monólogo que se extenderá a lo largo de cinco horas, que discurrirá durante la comida, proseguirá junto a la piscina vacía y adornada con sendas estatuas de Zeus y de una ninfa, continuará en la torre de la casa donde se encuentra el sancta sanctórum del autor (el estudio donde alumbró Aléxandros) y culminará ante la televisión, con la proyección de un vídeo en el que el propio Manfredi se duplica para explicar los misterios de los etruscos, tema al que dedicará su próxima novela, Quimera, un thriller arqueológico. A lo largo de esta verdadera maratón Manfredi, decenas de apasionantes temas: una legión romana fantasma (su guión para una película que proyecta producir Dino de Laurentis), los errores en las inscripciones en latín de Gladiator, el proyecto de una excursión en moto a la Anatolia oriental, el interés de Fidel Castro -confesado por el comandante al mismo Manfredi- por las tácticas de guerrillas de Alejandro Magno, los mármoles de Elgin (Manfredi es partidario de que se queden en Londres y de que se coloquen réplicas en el Partenón), el sexogate de Pisístrato (las revelaciones de que yacía con su mujer, Heródoto dixit, "en desacuerdo con la regla") o la introducción de la mortadela en Italia por los celtas.

Akropolis es el primer ensayo que llega a España de Manfredi -si exceptuamos el dedicado a las islas Afortunadas que publicó en una pequeña tirada Mario Muchnik, su primer editor en nuestro país-. Es lo que cabía esperar del autor: un recorrido por la historia apasionado y apasionante, que devuelve el color y la vida a la antigüedad. El escritor, que explica la historia de Atenas desde las hermosas leyendas de fundación de la ciudad hasta la muerte de Sócrates, ha utilizado un recurso narrativo insólito: alterna los capítulos históricos con unas páginas de su propia conversación con un viejo amigo griego. Anciano y enfermo, ese hombre dialoga ahora con Manfredi ofreciendo el contrapunto de un ateniense contemporáneo al relato del escritor, introduciendo el calor de la amistad en la historia y remedando desde lo cotidiano los diálogos socráticos.

"Akropolis es una historia de los atenienses, una historia de lo vivo, de la calle", explica el escritor. "Me baso en Tucídides, en Heródoto, pero intento representar el pasado de manera tridimensional, es decir, más allá de la perspectiva historiográfica tradicional de la cronología y la política, mostrar cómo era la gente, qué comían, cómo hacían el amor. Lo que más interesa de la antigüedad es la vida. Yo he querido llevar al lector hasta las mesas y los lechos y hacer que sienta el estupor que provocaba en el hombre antiguo la contemplación, por ejemplo, de la gran estatua de Atenea en el Partenón. Este libro no aporta ninguna revelación sobre la historia de Atenas, pero, al utilizar un punto de vista nuevo, ofrece una perspectiva diferente, el de la gran aventura de la historia".

En todo el libro hay un esfuerzo por subrayar la relación del pasado griego con el mundo actual: Manfredi muestra a Solón como el primer estadista europeo, compara al oráculo de Delfos con un banco de datos, señala que la privación de autoridad política del aristocrático Areópago por parte de Efialtes y Pericles "fue una operación de ingeniería institucional que sólo puede encontrar equivalente en nuestro días en la desautorización de la Cámara de los Lores por parte del Gobierno de Tony Blair" y explica que los arquitectos de Atenas vestían de manera excéntrica, "como los creativos de nuestros días".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de noviembre de 2000