A DEBATE

¿Barcelona debe abrir la veda a los rascacielos?

El Ayuntamiento defiende la construcción de edificios de altura singular en la Sagrera, Poblenou y la desembocadura del Besòs

El alcalde de Barcelona, Joan Clos, y su consejo asesor de Estrategias Urbanas defienden que las nuevas zonas que se empiezan a dibujar en la ciudad, como la desembocadura del Besòs -para albergar los actos del Fòrum 2004-, el futuro Poblenou -el 22@- de las industrias de la tecnología y el triángulo ferroviario de Sagrera-Sant Andreu, son ideales para que se alcen en ellas rascacielos. Eso sí, nada que ver con las alturas del World Trade Center de Nueva York, de 415 metros, u otros rascacielos que proliferan en las zonas de negocios de muchas ciudades de Norteamérica y Japón. En principio, el tope de altura ya existe: las torres del Port Olímpic, con 152 metros. De los edificios que están proyectados en Barcelona, el más alto es Diagonal 1, con 105 metros y el hotel del Fòrum, de 100. L'Hospitalet también tendrá un rascacielos de 105 metros, el hotel Hesperia. Hasta ahora, la única apuesta para sobrepasar la torre del hotel Arts fue la del hotel Vela, de Ricardo Bofill, que pretendía alcanzar 160 metros de altura en la nueva bocana del puerto. Al final, el hotel no pasará de 110 metros.Sobre la mesa de los técnicos de urbanismo y del arquitecto jefe, Josep Anton Acebillo, hay bocetos de grupos de rascacielos ideados para el triángulo ferroviario de la Sagrera, un sector de Diagonal Mar y también otro grupo junto a La Maquinista. Muchos de esos proyectos, sin embargo, dependen de cuestiones todavía sin despejar, como qué ocurrirá con la Sagrera.

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¿Por qué Barcelona debe sumarse a la tendencia de edificios altos, pequeños rascacielos? Hay varias respuestas. El movimiento vecinal, representado por la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona, ya se ha definido claramente en contra. El concejal del distrito de Sant Martí, Francesc Narváez, explica que los rascacielos que están en proyecto se concentran en distritos y zonas de la ciudad, como Poblenou y el frente litoral, con baja densidad de población y con unas perspectivas de desarrollo en las que hay cabida para un nuevo tipo de edificación.

Muchos arquitectos creen que la marcada terciarización de la economía se impone, y ello lleva acompañado un cambio urbanístico en el que los rascacielos pueden ser una solución, lejos de ser problema. La opinión de los socios de gobierno del alcalde, Iniciativa per Catalunya y Esquerra Republicana, es favorable a las edificaciones de altura, pero con condiciones: que no se levanten en zonas de alta densidad de población y que se trate de edificios justificados arquitectónicamente. Parecida opinión tiene la oposición en este asunto, y tanto Convergència i Unió como el Partido Popular ven con buenos ojos que la ciudad tenga rascacielos, aunque sean de bolsillo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0028, 28 de octubre de 2000.