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Tribuna:

¿Endogamia?

La reciente publicación de un bienintencionado pero ingenuo artículo de Eliseo Gómez-Senent en estas mismas páginas planteándose que la endogamia en la selección del profesorado universitario funcionario tiene razones convincentes y no puede, sin más, ser considerada negativamente, me invita a dejar constancia de algo que al vicerrector de la UPV le ha pasado por alto, quizás porque se trata de una convención no escrita, y sobre la que no se escribe ni se habla en público, porque la omertà revolotea por encima de la buena conciencia que nuestras universidades practican frente al enemigo común, que siempre es el Gobierno, que se empeña en inmiscuirse -se enfatiza- en la intocable autonomía universitaria. Apuntaré varios asuntos (uno, personal) que pueden añadirse a los beatíficos considerandos del vicerrector: 1. Obtuve mi plaza de titular de Universidad en los años ochenta mediante sentencia de la Audiencia Territorial de Valencia, que revocó y dejó sin efecto la decisión abusiva y desvergonzada de una comisión nombrada por el ministerio para juzgar y decidir sobre la habilitación estatal y promoción de profesores doctores con antigüedad, publicaciones y méritos tasados a titulares. 2. Ya vigente la LRU, se ha hecho lugar común entre el profesorado universitario resignarse con la única fórmula que permite acceder a plazas de funcionarios, que es la de contar con tres de los cinco votos del tribunal, independientemente de los méritos, el curriculum, la calidad de los ejercicios que se realizan en el concurso-oposición, o la vinculación del candidato al proyecto docente de la Universidad convocante. 3. Que, por ello, una vez asegurados los tres votos para un candidato es trabajo de sus padrinos alejar al resto de concursantes mediante pactos de reparto de hipotéticas plazas futuras o, simplemente, con indicaciones expresas de que ésta o aquella escuela (ja, ja, ja), no ven con buenos ojos persistir en el empeño. 4. A veces, incluso se producen verdaderas oposiciones donde corre la sangre académica. En todas las universidades se recuerdan lances clamorosos donde para dirimir una plaza de catedrático o de titular había hasta una docena de catedráticos entre el público presenciando la lucha de titanes que se desarrollaba entre los aspirantes y un tribunal de peones, muertos de miedo ante las represalias que podían desencadenarse si se equivocaban de dueño. 5. A veces, incluso, los aspirantes que reúnen tres de los cinco votos se presentan en solitario a la oposición, que no es más que un paseo en barca en brazos de sus complacidos padrinos, que, finalmente, consiguen los cinco votos. Todo un hito. 6. Nadie en nuestras universidades puede obtener la plaza si no dispone de tres votos previos. Y los votos dependen de un mercadeo legal pero no moral entre quienes pueden intercambiar favores, castigos y premios. Si además, el nominado tiene los méritos precisos, mejor. 7. El asunto se vería agravado si se volviese al sistema de habilitación estatal, es decir, a dejarlo en manos de una comisión única por área para todas las universidades que, sin duda, se comportaría como lo hicieron la mayor parte de las Comisiones de la Idoneidad de pudibunda memoria, es decir, repartiéndose el botín entre lo que llaman sin remilgos escuelas. Así las cosas, el debate no es, querido vicerrector de la UPV, endogamia sí o endogamia no. ¡Qué más da que las universidades designen dos de los cinco o sólo uno! El problema continuará estando en otro lugar. ¿O no?Vicent.Franch@uv.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de octubre de 2000