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Txitxarro sobrevive a las bombas

Una bomba de ETA reventó el pasado 10 de septiembre la discoteca Txitxarro, en la carretera entre Zumaia y Deba, en el alto de Itziar. El atentado no produjo víctimas mortales, pero sí graves pérdidas económicas y, sobre todo, emocionales: las del propietario, Narciso Korta, hermano del presidente de la patronal guipuzcoana, José María Korta, asesinado por la banda terrorista el 8 de agosto y las de los trabajadores del local. Pero también las del colectivo ciclista de País Vasco y Navarra, que desde principios de los ochenta celebraba en la sala de fiestas el fin de temporada.Todo comenzó entre bromas, con una conversación informal entre Marino Lejarreta, Sabino Angoitia y Rubén Gorospe, clientes de Txitxarro desde su juventud, cuando se lo permitía el calendario deportivo. Se retaron a organizar una subida desde Zumaia hasta la sala de fiestas. "Se trataba de olvidar los sinsabores de la temporada en una especie de carrera, con una clasificación simbólica, seguida de una cena y una fiesta en la discoteca. También había un reparto de premios", explica Lejarreta, ahora ayudante de Manolo Saiz en el equipo ONCE. Cada año participan en la jornada unos 40 profesionales en activo y retirados. Este año, en cambio, los ciclistas no tienen dónde terminar la fiesta de Txitxarro. Como alternativa, han preparado para el día 28 de este mes una jornada similar a las ediciones anteriores, pero con el objetivo de rendir un homenaje a Narciso Korta. "Teníamos que hacer algo", comenta Rubén Gorospe, ahora técnico en el equipo Euskaltel-Euskadi, "porque no se puede perder la costumbre. Le daremos el maillot de la selección de Euskadi, firmado por todos nosotros".

El propietario de la discoteca no ha puesto reparos, al contrario. Aunque este año, tras la cena, no habrá fiesta. Txitxarro está en ruinas. "No hemos tocado nada del local, sigue igual de destrozado. Ahora no estamos con ánimos", reconoce Narciso Korta, cuya afición por el ciclismo no admite dudas. El mismo día en que ETA destrozó el local había acudido a Santander, a seguir la etapa de la Vuelta a España. Txitxarro no es sólo una discoteca fundada hace 24 años por la familia Korta con nombre de pez. La sala es un símbolo para los ciclistas. El lugar donde un pentacampeón del Tour, Miguel Induráin, conoció a su esposa, Marisa, precisamente, durante una fiesta de fin de temporada. Y no sólo él. La historia se ha repetido más tarde con otros profesionales.

La agenda de actos programada para el día 28 comenzará con una marcha cicloturista desde Zumaia hasta la derruida discoteca. Desde el alto bajarán más tarde los profesionales en grupo, aunque esta vez sin lanzarse. De nuevo en Zumaia, los ciclistas entregarán el maillot de la selección vasca a Narciso Korta. Posteriormente habrá una cena en un txoko y punto final, sin la tradicional fiesta. Más que una jornada de verbena es un día de agradecimientos. "Bien no puede salir nada, con todo lo que ha ocurrido", se lamenta el homenajeado, afectado por la pérdida de su negocio y, sobre todo, de su hermano.

Los ciclistas, poco habituados a airear sus inclinaciones políticas, quieren marcar una distancia. Aseguran que "éste es un caso personal". "Nuestra idea no tiene un cariz político, sólo tiene un espíritu deportivo, con el ánimo de recordar con agradecimiento a una gente que durante tantos años nos ha ayudado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de octubre de 2000