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Solans abandona por su total desacuerdo con la política de la Generalitat

El total desacuerdo con decisiones del consejero de Política Territorial, Pere Macias, y la falta de confianza son dos de las causas de la dimisión que ayer presentó Joan Antoni Solans como director de Planificación Territorial, cargo para el que fue nombrado en enero pasado. Ese nombramiento, que llevó aparejado su cese como director general de Urbanismo, ya provocó fricciones entre Macias, el propio Solans y otros cargos.

Por medio de un comunicado hecho público ayer, el hasta ahora responsable de la Planificación Territorial deja claros los motivos de su dimisión, que concreta en tres. El primero lo ciñe a la fase final de la tramitación del plan territorial parcial de las tierras del Ebro: "Denota una falta de confianza del consejero que me hace cuestionar la capacidad operativa de que dispongo para poder tramitar los planes directores de coordinación que estaban preparados para impulsar Anoia, Bages y Osona".La segunda razón de su dimisión obedece a la imposibilidad de ejercer sus funciones en cuanto a la política que debería seguir el Instituto Catalán del Suelo (Incasol), competencias que le corresponden de acuerdo con un decreto de la Generalitat del pasado 14 de enero. "Esta disposición no se ha trasladado al esquema operativo del instituto, que se concretó a primeros de julio y que ha interrumpido las actuaciones que estaban en preparación".

Ley del suelo

El tercer motivo de la dimisión se centra en la postura del Departamento de Política Territorial frente al real decreto del Gobierno central del pasado mes de junio sobre el suelo: "El real decreto ley ha afectado gravemente a las competencias exclusivas de Cataluña en materia de ordenación territorial y urbanismo y directamente a la planificación territorial. Frente a eso, las medidas de carácter legal y de actuación propuestas desde el departamento para reorientar el asunto no lo neutralizan".Según esas razones, parece claro que la dimisión de Solans no tiene nada que ver con una supuesta falta de adaptación al cargo, tal como señalaron fuentes del Departamento de Política Territorial al diario Avui: "No se ha sentido cómodo en el nuevo cargo", precisaba la información de ese rotativo sobre la dimisión de Solans.

Solans fue hasta el pasado mes de enero la máxima autoridad en el diseño del urbanismo en Cataluña, responsabilidad que desempeñó durante 20 años. El propio Solans se resistió a perder esa responsabilidad. El consejero Macias explicó entonces que el relevo del hasta ahora responsable de Planificación Territorial al frente de Urbanismo respondía a una reestructuración de las funciones de su departamento. La primera reacción de Solans fue advertir que dejaría el departamento si era relevado de sus funciones, aunque finalmente aceptó la dirección general de Planificación Territorial.

Ante la dimisión de Solans, un arquitecto polémico y contestado, pero reconocido profesionalmente, los socialistas catalanes no dudaron en vincularla a la situación de "deterioro" del Gobierno catalán. El diputado del PSC-CpC Oriol Nel-lo aseguró que la dimisión del director del programa de Planificación Territorial muestra "el proceso de parálisis y desconcierto que viven la Generalitat y el propio Departamento de Política Territorial". Nel.lo afirmó que la marcha de Solans demuestra la incapacidad de gobernar del Ejecutivo de Jordi Pujol.

Cataluña en la cabeza

Dicen que Joan Antoni Solans tiene toda Cataluña en la cabeza. No en vano ha sido el principal diseñador del urbanismo de todo el territorio catalán desde 1980, cuando fue fichado por Jordi Pujol. No era convergente. Fue uno de los técnicos, en su caso arquitecto, que se incorporaron a los cuadros del primer Gobierno presidido por Pujol.Antes, en 1976, fue uno de los padres del Plan General Metropolitano de Barcelona, una herramienta que puso orden en la anarquía urbanística de la capital catalana. Solans fue delegado de Urbanismo en el Ayuntamiento de Barcelona, institución que luego le achacó frenar o poner trabas a proyectos urbanísticos de la ciudad. Hasta la aprobación de la Carta Municipal de Barcelona, era Solans quien tenía en sus manos la última palabra desde la Comisión de Urbanismo, y en no pocas ocasiones las discusiones entre Solans y los responsables municipales subían de tono. Ocurrió, por ejemplo, con el plan de la Sagrera; pero no sólo con el Ayuntamiento de Barcelona: muchos municipios se enfrentaron a Solans por su tendencia a imponer su criterio frente al de los alcaldes. De la misma forma que levantaba airadas reacciones, a Solans también se le reconoce su valía profesional: "Perder una pieza tan valiosa como Solans es grave para el Departamento de Política Territorial porque tiene enormes virtudes respecto a muchos de los gestores de esa área", decía ayer Oriol Nel.lo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de octubre de 2000

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