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LAS VENTAJAS DEL CHOQUE ENTRE CULTURAS

Las consecuencias de la globalización sobre la identidad cultural son el eje del debate que ayer se abrió en Santiago de Compostela entre escritores y filósofos árabes, latinoamericanos y europeos, bajo la coordinación del ex presidente del Gobierno español, Felipe González, que inició el seminario con una reflexión sobre los riesgos y ventajas de la globalización y el choque de culturas. Los escritores mexicanos Ángeles Mastretta y Héctor Aguilar Camín, la tunecina Hélé Béji y el francés Sami Naïr participan en estas charlas encuadradas en el Compostela Millenium Festival.González confesó que sufre un "ataque de optimismo" desde que no tiene responsabilidades de gobierno y ve muchas oportunidades de desarrollo para los países más desfavorecidos aunque, de momento, lo que se percibe es que se han ensanchado las diferencias entre los países ricos y los pobres. Sin embargo, hay fenómenos como el zapatismo que demuestran las posibilidades de la globalización de las comunicaciones para los más débiles. "Lo mejor del subcomandante Marcos es que ha logrado montar una guerra virtual sin pegar un solo tiro y sin arriesgarse a que se lo den", explicó González.

Una de las cuestiones que ha aflorado con la globalización es la de las identidades culturales y su convivencia en un mundo cada vez más interrelacionado (por los flujos migratorios y el desarrollo de las comunicaciones). González apuntó que el problema se hizo patente con la caída del Muro de Berlín, que hizo salir a la luz la pluralidad de identidades que hasta entonces se ocultaban bajo las dos grandes ideologías dominantes en el siglo XX: el capitalismo y el socialismo. A juicio de González, superar el choque entre las distintas identidades culturales será uno de los retos del siglo XXI. Él mismo confesó que se siente cada vez "menos nacionalista español" y recordó que los nacionalismos excluyentes tratan de repetir un modelo "ya superado". Dijo que en el mundo actual hay libertad de movimientos para todo excepto para las personas, como se está viendo reflejado en los problemas que suscita en España -"un país de emigrantes"- la inmigración.

A este asunto también se refirió el filósofo y sociólogo Sami Naïr, asesor del actual Ejecutivo francés, quien frente al "racismo sucio" que se ha vivido en Francia durante los últimos 20 años, apostó por el diálogo entre los países de origen de la inmigración y los de destino para "organizar" estos flujos.

Naïr apuntó que también los inmigrantes deben hacer un esfuerzo para integrarse en una cultura diferente y deben respetar el "legítimo derecho" de las sociedades occidentales a preservar su identidad. "Las identidades particulares son legítimas pero no pueden convertirse en un martirio para la colectividad", indicó Naïr.

La cuestión de la inmigración también fue abordada por la escritora mexicana Ángeles Mastretta, que, en un tono más informal que sus predecesores, explicó que ella ya vivió el fenómeno de la globalización en carne propia hace muchos años debido a la mezcla de razas y culturas en su familia. Mastretta comparte el optimismo de González y confiesa que no acaba de entender el actual proceso de globalización aunque está dispuesta a "abrazarlo con fervor".

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 24 de agosto de 2000.

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