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EUROCOPA 2000

A los pies de Zidane

España cae eliminada por Francia tras fallar Raúl un penalti en el último minuto

Frente a la Francia del gran Zidane, España exprimió sus posibilidades hasta el final. Lo hizo con tanto coraje que sólo caben elogios por su voluntad de responder a un gran equipo, el campeón del mundo. Campeón y con razones para presumir de ello. Francia desplegó un poderío indiscutible, pero no logró quitarse el susto hasta el final. En el último minuto, España tuvo el empate en su mano. Barthez derribó a Abelardo en el área y de nuevo quedaba la puerta abierta para otra proeza. Pero no estaba Mendieta. Lo lanzó Raúl, fatigadísimo, demasiado para algo bueno. Raúl envió la pelota por encima del larguero y ya no hubo vuelta de hoja. Era la despedida.Desde el comienzo se cumplieron las previsiones, que anunciaban un buen partido. Francia presentaba el palmarés y un equipo excelente, integrado por una generación de excepcionales futbolistas, encabezados por Zidane, de cuyo magisterio no cabe duda. Zidane ha llegado a la Eurocopa en la plenitud de su carrera, liberado de cargas, sin las tensiones que a duras penas soportó durante el Mundial. En su serenidad se advierte el control que ejerce sobre el juego. Frente a España ofreció todo su repertorio: en controles, pases, paredes, acelerones incontrolables, giros y ese tiro libre que abrió el camino a la victoria francesa. Con su tranco majestuoso, se desplazó por el campo como un emperador. Su presencia tuvo un carácter intimidante durante toda la noche. Allí estaba el mejor jugador del mundo, y lo hizo notar con una actuación inolvidable.

Todo resultó más trabajoso en la selección española, metida en dudas durante todo el torneo. Le faltó el trazo armonioso del juego francés, y desde luego concedió una diferencia abismal en el aspecto atlético, pero su rendimiento fue irreprochable. Dirigido por el mejor Guardiola, el equipo español respondió golpe por golpe. La contribución de Helguera fue inestimable para equilibrar el despligue francés. No sobraron oportunidades, pero tampoco faltaron. Barthez tuvo que descolgar un tiro libre de Guardiola. Poco después llegó a duras penas a una vaselina de Raúl. En el juego español había un punto de desgarro que venía a compensar la naturalidad y la buena organización de Francia, donde todos conocen el oficio y donde la clase es abundante, con el plus de calidad de Zidane, principio y fin de su equipo.

La lógica española descansó en Guardiola, autor de un hermosímo partido. El problema radicó en la escasez de gente que frecuentó la onda del medio centro. Raúl trató por todos los medios de asociarse en el juego corto y de buscar los desmarques, pero se le vio sin frescura física. Le pesó la temporada, la reciente lesión, la exigencia de los partidos anteriores y la contundencia de los defensas franceses, unos purasangres que arreglaban cualquier error con velocidad y potencia. En los costados, Mendieta flaqueó por una vez. Lizarazu le persiguió de forma inmisericorde, sin concederle un metro, sin permitirle una incursión. En la izquierda, Camacho sorprendió con la inclusión de Munitis, que cobró un protagonismo inesperado en el primer tiempo. Para lo bueno, porque puso en dificultades a Thuram, y para lo malo, porque desaprovechó dos contragolpes que requerían la apertura a la derecha.

A la intensidad del partido contribuyeron los rápidos cambios de mano. A cada ataque francés respondió la selección con uno de su cuenta. La diferencia la establecía Zidane, que convertía cada una de sus acciones en una obra de arte. Lo mismo que su gol, un tiro libre maravilloso que vino precedido por un error grave de Aranzabal, fuera de sitio en su innecesario derribo a Djorkaeff. Como ha ocurrido durante todo el torneo, España se resistió a la adversidad admirablemente. Persistió hasta el final. Después del primer gol y tambien tras el segundo.

Francia siempre jugó con autoridad.Fue la clase de equipo con una abundancia extraordinaria de recursos. ¿Atletas? En todos los lugares: en la defensa, en el medio campo, en la delantera con el poderoso Henry. ¿Habilidad? Djorkaeff y Zidane disponen de todos los trucos. ¿Remate? Bien, ahí quedó el tiro de Djorkaeff en el segundo gol. Le ayudó Cañizares, que debió adelantarse un par de metros y tapar su palo, pero el tiro fue cañonazo. Francia consideró que el gol le daba oportunidad de jugar otro partido, uno menos franco, más defensivo, a la caza de los presumibles contragolpes. Se tapó en su campo y esperó.

A España le costó sangre encontrar líneas de pase, espacios y desmarques. Pero Guardiola no claudicó. Dirigió el juego como si le fuera la vida, sin caer jamás en la impaciencia. Al final, el premio no fue imposible. Poco a poco, la defensa francesa comenzó a desfallecer. Concedió algunos centros, refugiada en su área. Fue un error porque empezaron los rechaces y los balones divididos. A última hora, Francia pudo pagar algunas de sus concesiones. Barthez cometió penalti sobre Abelardo en un momento crítico. España había remado hasta encontrar una oportunidad para equilibrar el resultado. Allí la tenía. Pero no estaba Mendieta, que había lanzado el penalti del 1-1 con la frialdad de costumbre, y se le echó en falta. Raúl, atacado por la fatiga y la tensión, lanzó fuera el penalti. Para España significaba el final de su aventura en la Eurocopa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de junio de 2000