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Tribuna:

Mentira

Las ideologías, con su poder de compactación social y su motivación para la acción, son consubstanciales a la política. Desde que Marx escribió La ideología alemana, sabemos que se tejen a partir de las ideas falsas que los individuos y los colectivos se forjan sobre ellos mismos y que, en buena medida, responden a intereses de grupos de poder para reproducir las desigualdades sociales. Cuando su carácter falseador es exacerbado al justificar programas de actuación injustificables, aparece la demagogia, una expresión de la política que aprovecha mediante la emotividad irracional el carácter sincero o bienintencionado de las posiciones ideológicas. En una sociedad democrática donde, por decirlo así, la política es suficientemente laica, la ideología y la demagogia están limitadas y nunca acaban de enmascarar del todo la complejidad de lo real. La pobreza de lo ideológico y lo grotesco de lo demagógico asoman demasiado a menudo en el discurso de la política valenciana, como síntomas de un grave deterioro del debate. Así, el PP defiende la privatización de aspectos fundamentales del sistema público de salud con el argumento de la eficiencia. La descapitalización de la sanidad es una opción ideológica difícil de compaginar con el mantenimiento de la prestación de un derecho universal en una sociedad avanzada. Por eso, cuando los usuarios empiezan a quejarse, surge la justificación demagógica de que todo se debe a una conspiración de quienes lo hicieron mal mientras fue suya la responsabilidad de gobierno. Y, bajo la presión de la opinión pública, se hace al final lo que de ninguna manera puede tolerarse: se miente. El consejero de Sanidad, Serafín Castellano, dijo hace unas semanas que había 12.053 enfermos valencianos en listas de espera para ser intervenidos quirúrgicamente. En realidad son el doble, más de 24.000, los pacientes que aguardan a ser operados, a pesar del dinero desviado a clínicas privadas por el plan de choque, según datos de la Generalitat a los que ha tenido acceso este diario. De la ideología a la demagogia, y de la demagogia a la mentira, es difícil dar un solo paso más hacia el abismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de junio de 2000