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Decenas de miles de mozambiqueños morirán si no llega a tiempo la ayuda internacional

Los equipos de emergencia de Mozambique libran una batalla contra el tiempo para intentar poner a salvo a las 100.000 personas que se calcula que aún permanecen aisladas esperando ser rescatadas de las zonas inundadas. El presidente de Mozambique, Joaquim Chissano, hizo ayer un llamamiento para conseguir más ayuda internacional que permita acceder a las personas que permanecen desde hace días sobre árboles y tejados. "Pedimos más helicópteros para ver qué pueden hacer hoy; si no lo hacen hoy, esta tarde ya no quedarán más tejados", afirmó Chissano.

"Rompe el corazón. Estamos dejando detrás a gente a la que sabemos que no volveremos a ver mañana", aseguró ayer la portavoz del Programa Mundial de Alimentos (PMA) dependiente de la ONU, Michelle Quintaglie, en referencia a las duras decisiones que deben tomar los pilotos de rescate ante la falta de recursos. Dos nuevos helicópteros y otros dos aviones proporcionados por el Ejército surafricano eran esperados ayer para aliviar el trabajo de los siete aparatos que hasta el momento están realizando misiones de rescate y que habían conseguido poner a salvo a más de 4.000 personas en los últimos dos días en el distrito de Chokwe, en la provincia de Maputo. Esta zona, junto a las provincia de Gaza e Inhambane, en el sur del país, han sido las más castigadas por las inundaciones.Los pilotos que ayer sobrevolaron la ciudad de Xai-Xai, al norte de Maputo contaban cómo la gente intentaba atraer su atención quemando los árboles en los que se encontraban o intentaban salvar sus más preciadas posesiones, como radios o bicicletas, atádolas a las ramas más altas. Uno de los pilotos explicaba cómo 500 personas sobrevivían sobre los restos de un puente que iba hundiéndose en las aguas.

La portavoz del PMA dijo ayer que la cifra oficial de muertos, que actualmente ronda los 150, está ampliamente superada aunque el recuento final sólo podrá hacerse cuando bajen las aguas. El embajador español en Mozambique, José Eugenio Salarich, aseguró a EL PAÍS que, según las informaciones de los religiosos españoles que se encuentran en las zonas afectadas, la cifra podría alcanzar el millar de víctimas. "La situación es dramática, hay cuerpos flotando, aldeas que han desaparecido, familias que nadie sabe dónde están...", aseguraba Salarich. Las autoridades de Mozambique, que cuenta con una población de 17,5 millones de habitantes, calculan que las inundaciones, que han afectado también a Zimbabue, Botsuana y Suráfrica, han dejado sin hogar a 400.000 personas.

Aunque ayer el nivel de los ríos Save y Limpopo dejó de aumentar, la nueva amenaza llega ahora del Zambeze, que se encuentra rebosante tras las semanas de lluvias. "No vamos a acabar nunca", se lamentaba ayer el embajador, "la situación se va a repetir ahora con el Zambeze".

El nivel del Zambeze, uno de los ríos más importantes de la región, permanecía estable, en contraste con el de los ríos Save y Limpopo, cuyos desbordamientos por semanas de intensas lluvias fue el causante de las inundaciones. Sin embargo, las autoridades ya han advertido de que una nueva oleada de agua procedente de los vecinos países de Botsuana y Zimbabue, llegará a las regiones del norte y el sur del país en los próximos días. La situación se ve agravada por la apertura de las compuertas del embalse de Kariba -la frontera natural entre el noroeste de Zimbabue y el sur de Zambia-, cuyas aguas se han unido violentamente al caudal del Zambeze. Afortunadamente, aunque los servicios meteorológicos regionales predicen que las lluvias persistirán en las zonas afectadas hasta, al menos, este viernes, se prevé que su intensidad vaya disminuyendo la próxima semana.

Mientras, la comunidad internacional se está movilizando para atender la llamada de ayuda del Gobierno de Mozambique que, en una primera previsión que muchos observadores creen ampliamente superada, cifró la cantidad necesaria para hacer frente a la tragedia en 65 millones de dólares (10.900 millones de pesetas).

Aunque varios donantes internacionales se comprometieron a contribuir con los 13,5 millones de dólares (2.300 millones de pesetas) pedidos por la ONU, la cantidad recibida hasta el momento es de sólo 4,5 millones de dólares, lo que pone en peligro la actividad de las agencias de la organización que trabajan en la zona. El centro de Coordinación de Desastres del Gobierno de Mozambique calcula que son 900.000 las personas que necesitan ayuda urgente en el país.

Las misioneras se quedan

"No han querido volver". Las tres religiosas de la Congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que hasta ayer permanecían incomunicadas en dos de las zonas más castigadas por las inundaciones, han decidido permanecer en sus centros de trabajo a pesar de las gestiones de la Embajada española en Mozambique para trasladarlas a un lugar más seguro.Las hermanas Elisa Verdú, natural de Alicante, y Marina Suela, de Lagartera (Toledo)-dos de los 130 misioneros españoles que actualmente trabajan en Mozambique-, han optado por permanecer de momento en el hospital de niños enfermos terminales de sida de Chokwe, en el que trabajaban. Sin embargo, el embajador español, José Eugenio Salarich, aseguró que se encuentran bien y habían podido hablar con otras religiosas de la orden que habían ido a recogerlas. Los pacientes de este centro sanitario han sido ya trasladados a un hospital de campaña situado a unos pocos kilómetros y al que las hermanas pensaban acudir en cuanto la bajada de las aguas se lo permitiese.

Por su parte, la hermana Ángela Rodríguez, a la que las riadas habían sorprendido en un centro de asistencia en Cholucuane, provincia de Gaza, también decidió ayer renunciar a ser trasladada por los helicópteros de salvamento para permanecer junto a sus pacientes. "Son gente especial, con una gran capacidad de sufrimiento", explicaba Salarich. "Dice que sin sus enfermos no se va".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de marzo de 2000

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