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La fortuna premia la fidelidad

Fuera de Elche, ningún valenciano ha resultado agraciado en el sorteo de lotería de Navidad con cifras astronómicas (siete millones los más afortunados) que le permitan ir más allá de tapar algún que otro agujero. Hacer frente a una hipoteca, comprarle un coche al hijo o tomarse unas vacaciones son algunos de los destinos que estos vecinos de Alcoy, Alberic, Altea y Alicante le reservan a los cerca de 500 millones de pesetas de los premios secundarios que se han repartido.En Alcoy, quienes más provecho sacaron de la llamada cena del pobre, que antecede al sorteo y simboliza la bienvenida a una vida más rica, fueron los que compraron las participaciones de la Filà Muntanyesos. El número que jugaban, el 17.913, fue el posterior al agraciado con el segundo premio y repartió 305 millones en décimos y participaciones de 400 pesetas.

Pero la mayoría de los premiados apenas cobrará unas 26.000 pesetas, salvo la edil del PP Trini Miró, que compró un décimo y se llevó 180.000 pesetas. Los más afortunados cobrarán cerca de medio millón.

Es el premio más importante que ha recaído en Alcoy en los últimos años y supone un reconocimiento a la fidelidad de esta filà, que llevaba 25 años apostando por este número.

El mismo apego que han mantenido una decena de vecinos de Alberic durante varias décadas por el número 18.417 y que ayer, por fin, se vio recompensado. Cada uno de los poseedores de un décimo de este número, agraciado con un tercer premio, se ha llevado 7,2 millones de pesetas.

La lotera Aurora Miñano estaba exultante. Tras 14 años en Massalavés, el pasado verano se trasladó a Alberic y ha debutado en esta plaza por todo lo alto: ha repartido 150 millones entre los 20 décimos vendidos.

Aparte de la decena de fervorosos seguidores del 18.417, la fortuna también premió a otra decena de personas que compraron los décimos por casualidad. Mientras invitaba a "barra libre" a su clientela en el bar Casa Ximo que regenta, Vicente Domingo, de 51 años, contaba ayer que cada año compra papeletas con todas las terminaciones posibles, del cero al nueve. "Me faltaba una que acabara en siete", precisó, "por eso compré este décimo".

También por azar, dos vecinas de Massalavés, Conchín Marco y María Teresa Bisbal, se encapricharon de este número la víspera del sorteo cuando acudieron a la administración a pagar los décimos de la falla. Aquella noche, Juan Martínez, empleado de una gasolinera, compró uno de los dos últimos décimos después de que otra cliente los rechazara porque no le gustaba ese número.

En Alicante se repartieron 30 millones de un cuarto premio a un grupo de jubilados de otra provincia que venían de visitar la concatedral de San Nicolás, y otros 7,2 millones de un quinto premio. La lista de los premios de consolación la cerró Altea, donde se distribuyeron otros 30 millones de un cuarto premio, muy repartidos entre diversos clientes. Con todo, por muy escasos que fueran los premios, en Alcoy, Alberic, Alicante y Altea, no dejaron de celebrarlos con un ritual de cava, gritos de júbilo y abrazos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de diciembre de 1999