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El carné sindical no exonera

La gerencia del hospital de La Ribera ha despedido a un médico que desviaba pacientes a las clínicas privadas donde eran intervenidos mediante el correspondiente pago a costa de sus bolsillos. La irregularidad -y que valga el amable eufemismo- se agrava porque el galeno era reincidente. Ahora el sindicato UGT, a que pertenece el doctor y del que es candidato a las elecciones del referido centro, rompe una lanza por el compañero y se queja de persecución, que reputa de "tildes fascistas". Aclarémonos. De ser falsos los cargos que se le imputan al facultativo, sobran motivos para el enfado. En caso contrario, que es lo más verosímil, ¿cómo se justifica esa defensa airada de unos hechos que lesionan a unas personas -los enfermos- y al interés general? ¿Acaso el carné de sindicalista exonera de tales responsabilidades? Si UGT no ha tenido coraje para denunciar la presunta extorsión podría, cuanto menos, callarse. De otro modo no hace otra cosa que abonar su desprestigio y amparar conductas escandalosas. Un sindicato no ha de ser una mafia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de noviembre de 1999