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Chávez y Castro declaran un pacto con el mismo objetivo revolucionario

El partido de béisbol entre las selecciones de Cuba y Venezuela encabezadas por Fidel Castro y Hugo Chávez, respectivamente, y que concluyó con victoria cubana por cinco a cuatro, fue más político que deportivo y confirma la acelerada consolidación de la alianza emprendida por los dos comandantes caribeños. Chávez atacó y arremetió en un acto público, sin citarlos, contra quienes pidieron democracia en Cuba, entre ellos el presidente español, José María Aznar, y defendió a Castro con pasión.

Las revoluciones cubana y venezolana, subrayó Chávez, persiguen un mismo objetivo. Estados Unidos, por su parte, recela de los abrazos entre una nación sobrada de petróleo y una isla con el depósito en la reserva.México, que nunca rompió relaciones diplomáticas con la mayor de las Antillas y evitó siempre pronunciarse sobre sus asuntos internos, marcó esta vez distancias. Durante la IX Cumbre Iberoamericana de La Habana, su presidente, Ernesto Zedillo, reclamó el pluralismo con una rotundidad inusitada. "México ha roto las reglas del juego", comentó a este periódico un funcionario cubano. El historiador mexicano Enrique Krauze saludó el cambio en la tradicional política exterior. "Eso no tiene precedentes. Empezamos a modificar una larga relación de hipocresía y doble discurso".

México atempera los lazos con Cuba y Venezuela los fomenta. Chávez, cuyo abrazo con Fidel Castro hace cuatro años levantó ronchas en Caracas, no disimuló su admiración por la revolución cubana, de la que se dijo émulo. "Hay personas que vienen aquí a pedirle a Cuba el camino de la democracia, falsa democracia", declaró el jueves en una conferencia magistral dictada en el aula magna de la Universidad de La Habana, en presencia del presidente anfitrión. Paralelamente a las conversaciones de carácter político, los dos países ultiman una asociación comercial para reabrir la refinería de Cienfuegos, prácticamente cerrada desde principios de los noventa por problemas financieros.

El teniente coronel Chávez lideró un fallido golpe en 1992 contra el Gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, y cumplió dos años de cárcel. Su primer viaje tras salir de prisión, en 1994, fue a Cuba, y fue recibido con todos los honores. Cuatro años después, elegido presidente en las urnas, renovó sus simpatías por la revolución castrista y poco después de la investidura, en febrero de este año, regresó de nuevo a cumplimentarla. Su revolución, precisó, es bolivariana, pero "va hacia la misma dirección, hacia el mismo mar hacia donde va el pueblo cubano, mar de felicidad, de verdadera justicia social, de paz". Cada una "con su propio signo y con su propia esencia".

Las deferencias de Castro con Chávez fueron constantes. Le impuso la más alta condecoración nacional, se reunió con él todos los días, los recibimientos en las calles fueron los más calurosos y el partido de béisbol ante 50.000 espectadores, televisado en directo, fue el colofón de una visita que constituyó, de hecho, una cumbre paralela. Chávez, vestido de jugador de béisbol, fue lanzador, y Castro, con pantalón verde olivo y chaqueta de chándal azul brillante, director técnico. El presidente venezolano encajará ahora en Caracas las acusaciones de los opositores y empresarios que imputan al proyecto político intenciones totalitarias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de noviembre de 1999

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