EL PROCESO DE PAZ

La obsesión de un diputado "hirsuto"

Los populares vascos ensayaron ayer, con poca fortuna, una medida extrema de control parlamentario en la batalla que mantienen abierta contra el consejero de Interior, Javier Balza, desde que éste tomó posesión.El lehendakari, Juan José Ibarretxe, le recordó durante el debate al parlamentario del PP Carlos Urquijo que su partido abandonó la cortesía parlamentaria un mes antes de los 100 días de gracia que se concede a todo Gobierno. A los dos meses de gestión del bipartito nacionalista, el 17 de marzo pasado, el PP ya había pedido la dimisión de Balza porque la kale borroka (lucha callejera) se le "había ido de las manos". Urquijo se ha convertido en estos nueve meses en el azote del consejero, periodo en el que ha presentado 79 de las 105 iniciativas parlamentarias dirigidas a controlar la gestión de Interior. Sin embargo, el cuerpo a cuerpo en las comisiones entre Balza y Urquijo casi siempre se ha inclinado en favor del consejero. Urquijo volvió ayer a evidenciar ante el pleno de la Cámara su escasa cintura para poner entre las cuerdas a Balza y sus limitaciones para transformar las críticas de IU, UA y PSE-EE a la gestión de Balza en un voto afirmativo a la moción de censura.

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EH no quemó a su líder, Arnaldo Otegi, en la no censura al responsable del cuerpo policial de "cipayos", como califican los abertzales radicales a la Ertzaintza, y le reservó para las declaraciones de hoy a las 9.30 cuando abandone, junto a sus cuatro compañeros, la Cámara vasca tras cinco días de huelga de hambre.

La obsesión en la que se ha convertido Balza para el PP sólo tiene similitudes con la fijación que Xabier Arzalluz e Iñaki Anasagasti han demostrado con el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja.

Urquijo, alumno aplicado de Carlos Iturgaiz en el uso del discurso estridente, no pudo sostener el órdago en la Cámara y cosechó el calificativo de "hirsuto" de boca del ex lehendakari Carlos Garaikoetxea por su aspereza de carácter. Balza abandonó el Parlamento a las 15.20 sonriendo, mientras decía: "El consejero siempre bien".

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 12 de noviembre de 1999.

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