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Los informáticos valencianos de Pimentel

Uno de los timos que puede encerrar la sociedad de la información es dar por bueno que basta con trabajar con un ordenador para ser informático, cuando ello por si solo, lo único que crea son "obreros del teclado" de obsolescencia rápida. Sólo bajo esta confusión, se puede explicar la afirmación del ministro de Trabajo, Manuel Pimentel, acerca de la falta de mano de obra en el "sector de la informática" en Cataluña y Valencia.Ante la preocupación de esta supuesta falta de trabajadores (hay incluso quien habla de pleno empleo de la población masculina) hay que reproducir la reacción de UGT y CCOO, sobre lo contradictorio que resulta que el país con más paro de Europa necesite mano de obra, cuando tenemos una tasa de desempleo del 15,6% y la tasa de población activa más baja de la UE, aunque sí admitan, estas centrales, algunos ajustes puntuales en sectores como la construcción.

Desde la universidad donde, aunque extrañe preocupan las salidas profesionales de los estudiantes, hemos seguido la demanda de puestos de trabajo de Ingeniería Informática en nuestra Comunidad y los datos indican que la información que maneja el ministro es francamente incierta y esto es preocupante. A día de la fecha, nuestros ingenieros aunque no tienen excesivas dificultades en colocarse, normalmente tienen que recurrir, al igual que otras ingenierías, a ofertas de trabajo foráneas, mayoritariamente provenientes de Madrid. Ello hablando, claro está, de empleos con horizontes y condiciones profesionales interesantes.

Ciertamente existe una cierta oferta de empleos relacionados con el uso del ordenador (ofimática, mantenimiento, construcción de paginas WEB, etc.) pero éstos pueden cubrirse perfectamente por personas con una formación no universitaria, relativamente fácil de conseguir y por ende no siempre bien retribuida. Hablar con esta alegría del sector de la informática es poco riguroso, ya que situar en este grupo laboral a todo usuario de ordenadores, es tan erróneo como poner a todos los camioneros dentro del sector del automóvil. Otra cosa es que alguien debe llevar los ordenadores de las empresas, pero ello es cada día mas accesible y menos objeto de una verdadera especialidad profesional.

No se conoce ningún estudio que indique que en la Comunidad Valenciana se puedan absorber mas tecnólogos que los que actualmente salen de sus universidades. Desgraciadamente, desde el punto de vista laboral este sector, por su dimensión, difícilmente puede ser considerado como tal en nuestra Comunidad, incluso incluyendo en él a la totalidad de trabajadores en las nuevas tecnologías. Yendo más lejos, salvo unas honrosas excepciones, ésta es una de las asignaturas pendientes que tenemos como pueblo, para afrontar nuestro futuro.

El ministro Pimentel se ha pasado varios pueblos en su triunfalista estimación. Aqui no faltan informáticos dignos de este nombre. Otra cosa es que se hable de trabajos, desgraciadamente mal pagados, a nivel de usuario informático. Hay que pedirle al ministro que no trivialice el sector, haciendo de paso el juego a aquellos empresarios poco dispuestos a pagar y por ello a entender la profundidad del cambio tecnólogico que vivimos. No es gremialismo expresar el temor de que lo que ahora se reclama sea mano de obra barata, sin demasiada cualificación (los buenos Ingenieros Informáticos no abundan en los países que exportan mano de obra) para incorporarla sin más como obreros de la tecla, ya que la consecuencia de sentar a una persona sin una sólida educación delante del ordenador es ayudar a crear un proletariado informático.

No se puede mimetizar la situación laboral de la informática con la de la construcción. En este último sector, dicen los que saben, se dan dos situaciones: carencia de buena mano de obra cualificada (que hace muy bien en reclamar buenos salarios en una época de gran demanda) y deserción de los jóvenes españoles a la hora de hacer las tareas mas penosas del oficio, en cuyo caso se recurre a los emigrantes, para lo cual es urgente la nueva ley de Extranjería que les garantice derechos y coberturas legales. Ni un sólo dato dice que este panorama se produzca en la llamada "informática" valenciana, ya que por un lado tenemos buenos ingenieros, muchos trabajando en Madrid y, por otro, los empleos de usuario de ordenador, bastaría con pagarlos con una cierta dignidad, ya que el manejo de Windows, Internet, etc., es un requisito que cumplen o deberían cumplir muchos de nuestros jóvenes parados. Sin embargo, mientras un buen encofrador será considerado como tal durante toda su vida profesional, hay que pensar que las habilidades que hoy se valoran en informática, el dominio de los programas del Sr. Gates por ejemplo, con toda seguridad serán obsoletas dentro de pocos años y si no se tiene la educación y las posibilidades de participar en esta evolución tecnológica se están tomando decisiones políticas cuando menos inmaduras.

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Las cosas no deben ser tan risueñas como dice Pimentel, ya que no es plausible que haya tanto valenciano en paro, si sobraran ofertas de trabajo digno, relacionadas con el uso del ordenador. El parloteo sobre la sociedad de la información a veces es un timo y quizás el ministro haya caído en él.

Gregorio Martín es director del Instituto de Robótica de la Universidad de Valencia.

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