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El Ejército de Pakistán toma el control de la capital y destituye al primer ministro

El Ejército de Pakistán reaccionó ayer con una asonada a la destitución de su jefe, general Pervez Musharraf, y depuso al Gobierno del primer ministro, Nawaz Sharif. En pocas horas, las tropas tomaron el control de los aeropuertos, la televisión y la radio estatales, y rodearon la residencia de Sharif, desarmando a toda su guardia para, según dijeron después, "garantizar su protección". Horas más tarde, el general Musharraf, en una alocución al país, indicó que el Ejército derrocó al Gobierno para acabar "con el desorden y la incertidumbre" y para remediar "el colapso de la economía nacional".

Las tropas han tomado el control de todos los centros neurálgicos del país. Hay soldados en la calle y se han escuchado disparos aislados en el barrio de Margalla Hill, en Islamabad, donde se encuentran la mayoría de las embajadas. Todo se desencadenó en muy pocas horas, después de que el primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, decretara la destitución al frente del Ejército del general Pervez Musharraf. El primer ministro lo reemplazó por el jefe de los servicios de información militar, el general Ziauddin, considerado un militar fiel al partido del poder, la Liga Musulmana Pakistaní.Apenas hubo tiempo para frenar cualquier estallido de descontento. Los militares fieles al general Musharraf, que parecen ser la mayoría, abandonaron sus cuarteles en un movimiento nada improvisado; parecían obedecer un plan estudiado.

Pasadas las tres de la madrugada hora local (12 de la noche hora de Madrid), Musharraf apareció en la televisión y, hablando en ciertos momentos en inglés, justificó el golpe porque el Gobierno de Sharif estaba "destrozando sistemáticamente" las instituciones del país. El Ejército, según su máximo responsable, "ha respondido al clamor púplico imparable para remediar esta rápida situación de deriva en todos los sectores". Musharraf anunció una declaración de tipo político, pero no aclaró cuándo piensa hacerla pública.

Corrían desde hace un mes numerosos rumores de un inmimente golpe de Estado en Pakistán. La salida de la última crisis armada con India, que se solucionó -tras las presiones estadounidenses sobre Pakistán, su principal aliado en la zona- con la retirada del Ejército y de las milicias islámicas de Cachemira, fue considerado en el seno de las Fuerzas Armadas como una grave humillación.

Son varios los testigos que han confimado que la residencia oficial de Sharif en Islamabad está rodeada por decenas de soldados. Los policías que la protegían fueron desarmados sin que éstos opusieran resistencia alguna. El primer ministro Sharif tiene prohibido abandonar su vivienda y nadie puede entrar en ella. Todo indica que Sharif se halla detenido, pero los soldados insisten en que está "protegido".

Los militares también se han hecho con el control de la residencia del gobernador del Punjab, hermano de Sharif, y con los aeropuertos de Lahore, Karachi -la capital financiera- e Islamabad. La televisión y las emisoras de radio, ocupadas por los militares, dejaron de funcionar a última hora de la noche (hora local). Sólo el canal internacional de televisión, que emite por satélite, dio una escueta noticia: "El Gobierno de Nawaz Sharif [que llevaba 31 meses en el poder] ha sido destituido". Era la prueba de que se había producido un golpe de Estado, al parecer incruento, pues no hay informaciones sobre enfrentamientos.

La anterior primer ministra, Benazir Buttho, que se encuentra en Londres, aseguró a la BBC que existe un peligro de enfrentamiento civil. "Cuando existen noticias que apuntan a que hay elementos del Ejército luchando contra el Gobierno y otros que lo apoyan, existe un riesgo de guerra civil". Buttho, que mantiene una dura pugna política con Sharif, le acusó de haber propiciado el golpe.

En Pakistán se dice que la última crisis de Cachemira dejó una herida abierta entre el jefe militar y el primer ministro, al que los generales acusaron de claudicación ante India.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de octubre de 1999

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