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CARTAS AL DIRECTOR

Brasil

Este verano ha sido muy importante para mí. He tenido la gran suerte de veranear en un país inmenso, tanto en extensión como en belleza: Brasil. Parte de mis vacaciones las he pasado en ciudades bañadas por el río Araguaia, en la zona matogrosense brasileña.

Allí conocí a gente dispuesta a regalarte una sonrisa, y pude admirar paisajes impresionantes, que te aplastaban con su grandeza y te hacían parecer un pequeño ser, libre y perdido en el mundo.

Podría hablar de la hidrovía que pretende construir en el Araguaia, de los problemas de los indios y de diferentes temas relacionados con este lugar, pero lo haría con un conocimiento escaso y parcial; así que este escrito tan sólo pretende ser una declaración, como tantas otras, en contra del racismo y de la destrucción de la naturaleza, porque es imposible que quien haya conocido personas como las que yo he conocido, y visto parajes como los que yo he visto, albergue tales tendencias.

Hay gente que opina que todo gira en torno a un beneficio, pero ¿qué beneficio se puede obtener de construir un mundo artificial en donde resida una única cultura?

Y tengo que decir que me compadezco de esa gente, pues en realidad provocan en mí más pena que cualquier otro sentimiento.

Creo firmemente que sus pensamientos son sólo fruto de grandes limitaciones y de un mal muy extendido hoy en día: la ignorancia.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de septiembre de 1999