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Entrevista:NUEVO SIGLO

"La psicología es el 50% de la enfermedad cardiaca"

Catalán en Nueva York, el cardiólogo Valentín Fuster ha sido incluso considerado como posible candidato al Nobel. Su último proyecto: un ambulatorio en Nueva york donde todos los enfermos reciban asisitencia independientemente de su capacidad económica.

Empieza la conversación sentado firme en la butaca y se va reclinando a lo largo de la charla. Valentín Fuster, como presidente de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), está implicado en la cruzada contra el negocio de las tabacaleras, pero quiere dejar claro que, en su opinión, no se trata de atacar al individuo que escoge la opción de fumar. Su gran proyecto, el que más le ilusiona, lo ha puesto en marcha este mes de agosto: una clínica en la que no existe diferencia de trato entre los pacientes por sus posibilidades económicas o las de sus seguros. Pregunta. ¿Cuál es la misión del ambulatorio que acaba de inaugurar?Respuesta. Advertir a los pacientes de que tienen una enfermedad es nuestra misión. De este proyecto me siento orgulloso, estoy muy ilusionado... En cardiología hay un problema socioeconómico porque la tecnología es muy cara. Me encontré con que, en Nueva York, quien tenía un infarto y podía pagar tenía acceso a una tecnología muy buena, pero quien tenía un seguro bajo no lograba acceder a una buena tecnología. Después de muchos años de luchar, finalmente el 1 de agosto inauguramos un sistema ambulatorio en el que no existe diferencia: nadie, excepto el personal de administración, sabrá el tipo de seguro que tiene el enfermo y se utilizará exactamente el mismo tratamiento para todos. No distinguiremos a los pacientes por su situación económica. Estoy realmente apasionado con este proyecto.

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P. ¿Tanto como en su lucha contra el tabaco?

R. Bueno, como presidente hasta julio de la American Heart Association [AHA] estoy de acuerdo con las campañas antitabaco. Es importante conocer que el tabaco es el agente número uno en enfermedades cardiovasculares. Pero yo creo que es importante respetar al individuo; pienso que no podemos atacar al fumador, que debemos trabajar para que las tabacaleras eliminen sus programas de captación de mujeres y jóvenes. En EE UU hay una auténtica revolución en estos momentos y se fuma mucho menos. Estoy de acuerdo con el movimiento, pero eso no quiere decir necesariamente que comparta todos los medios que utiliza.

P. ¿Cree en la responsabilidad de los Gobiernos en estas campañas?

R. La cruzada contra el tabaco es una cruzada de organizaciones privadas, como la AHA o la Sociedad contra el Cáncer. Pero la actitud es obvia en el actual Gobierno demócrata, que está luchando contra el tabaco a campo abierto. El segundo factor preocupante es que la Organización Mundial de la Salud ha observado que la industria tabacalera se mueve al Tercer Mundo. Éste es un gran riesgo. Tenemos que luchar para que la salud pública mejore. Y también debemos hacer lo que podamos por los terceros países, porque la enfermedad está naciendo en ellos de forma espectacular.

P. ¿Cómo podemos prevenir el riesgo de infarto?

R. En España hay una dieta muy buena. Si en EE UU se llevara la dieta mediterránea y en España se dejase de fumar, yo le aseguro que la incidencia coronaria bajaría drásticamente, porque en cambio en EE UU cada vez se fuma menos, pero la dieta es horrible. Cualquier deporte es también bueno, excepto en individuos que ya han padecido una dolencia coronaria, que deben practicar sólo deportes aeróbicos.

P. ¿Y qué hay de cierto en la aspirina como elemento de prevención?

R. Sabemos que es válida en pacientes que ya han tenido la enfermedad. Pero no creo que se pueda decir que un individuo normal tenga que tomar aspirina para prevenir el infarto, porque a lo peor le causa otros problemas. Y el vino es también un arma de dos filos. Una o dos copas al día pueden ser buenas. El problema es si pasamos a la tercera y a la cuarta. Por eso vamos con mucho cuidado cuando hablamos del alcohol. Existen datos sólidos que indican que un poco de vino puede ser saludable para prevenir un segundo infarto, pero yo no creo que debamos poner el énfasis en este punto. El tabaquismo, el colesterol o la obesidad son mucho más importantes.

P. ¿Y el estrés?

R. La enfermedad cardiaca ya crea de por sí un estado de estrés muy importante, porque el paciente se siente vulnerable a la mortalidad. Además, este aspecto emotivo provoca síntomas que parecen cardiacos y que no lo son. La psicología es el 50% de la enfermedad cardiaca. Por esto es realmente importante captar el aspecto emocional dentro de las manifestaciones que presenta el paciente. Pero hay una parte mucho más importante que yo creo que no se aplica ni en cardiología ni en la medicina en general: el paciente ha de tener confianza en el médico. Cada individuo claramente quiere ser el mejor para el médico, quiere saber que representa algo importante para él. Yo creo que el paciente quiere pensar que el médico no tiene más pacientes en el mundo. Esto es básico. De otra manera no se dará la transferencia que es fundamental para la curación. Lo grave es que esto no se explica en las escuelas de medicina. Educamos a los médicos de una manera muy tecnológica, y esto es una gran tragedia. Parece que no hay tiempo de educar a los jóvenes en esa transferencia, esa individualidad, esa parte emocional. Hay demasiada frialdad. La tecnología avanza tan rápido que no deja tiempo para esa otra parte, no hay emoción, no hay contacto.

P. ¿Cada paciente es tan distinto?

R. El paciente es el mismo en todos los países. Quiere que le cures, lo mismo el que aguanta estoico que el que tiene un carácter más mediterráneo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de agosto de 1999

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