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Crítica:DANZA
Crítica

El combate del deseo

De impactante puede calificarse esta creación, y no hay otra palabra más exacta. Ya el título sugiere un ámbito cainita, escabroso, duro. Sobre un trabajo de seria concentración actoral sucede una procesión interior que cursa entre espasmos y choques incendiarios: dos hombres en sus esferas de soledad tirando de una misma cuerda floja. Sobre ese precario equilibrio navegan más que danzan, dan brazadas ciegas y se aventuran hasta hacerse un solo animal herido. De fondo, un contratenor -la voz del misterio- da un tono ritual a la acción; Pardillo y Urbina así gozan entre pálpitos y hacen gozar con su excelente preparación física, lo que les permite exhibir riesgo y un atlético, desesperado lirismo donde el músculo no es más que el catalizador de una agonía hedonista, salvaje. Ellos son los viajeros al lugar sin distingos, a la patria del deseo, acaso correspondido pero nunca satisfecho. En una habitación oscura sucede la farsa mortal de amarse y ese cuarto, de pronto se llena de desamor, las paredes son azotadas por un viento que jalea la respiración de aquellos atlantes en el fondo tan frágiles, tan a merced de sus propias fantasías. ¿Caín y Abel? Quizá, pero no necesariamente. Mejor nadie y ninguno pues les une el peligro, el haber agotado todas las señales y estar bajo la culpa de saber que En Nod es toda la tierra.

En Nod

Pardillo y UrbinaCoreografía e interpretación: Rafael Pardillo y Emilio Urbina. Música: Vivaldi y otros. Sala Cuarta Pared. Madrid, 5 de junio.

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